Cultura

Alfredo Bryce Echenique: "No hay nada tan aburrido como soportar una buena reputación"

el escritor peruano publica el libro de cuentos [i]La esposa del Rey de las Curvas[/i]

Sábado 14 de agosto de 2010
Ha escrito 25 libros y los que le quedan. La literatura es su refugio cuando la polémica apremia. Alfredo Bryce Echenique ha tenido que lidiar con acusaciones de plagio mientras su escritura continúa su curso. En su último libro, "La esposa del Rey de las Curvas" (Alfaguara), el peruano salda cuentas consigo mismo pero, sobre todo, con algunos de los que le han rodeado. Eso sí, sin tocar a sus preciados amigos.

Su último libro es significativo en su trayectoria por su regreso al cuento, del que es un gran apasionado, además de por haberse servido de lo que ha escrito para desquitarse de pequeños rencores y grandes nostalgias. ¿Ha sido, entonces, una buena terapia?

No diría que tanto como una terapia, pero sí una constante satifacción de ver cumplido varios viejos pequeños anhelos.

Dice uno de los personajes de su libro que viajar a Europa es un paso fundamental en la vida de un hombre. ¿Qué habría sido de usted de no haber dado ese paso?

Yo creo que mi vida sin ese paso hubiera sido otra y, muy probablemente, una vida sumamente infeliz.

Ha escrito 25 libros y, curiosamente, ha vivido en 25 ciudades. ¿Continuará, con o sin quererlo, moviéndose por el mundo al mismo tiempo que seguirá escribiendo?

Dice la gente que yo sin mis “ires y venires” sería un hombre absolutamente inexplicable, pero esa sorprendente coincidencia entre el número de mis libros y el número de ciudades en las que he vivido o, cuando menos, pasado una temporada, no obedece en absoluto a ningún plan. Me sorprende usted con el dato que me da y que no es otra cosa que un entrañable producto de la coincidencia, en todo caso mil gracias de veras por el sorprendente dato.

¿Qué tiene la avenida Salaverry de Lima que tanto le atrae?

Viví en la avenida Salaverry varios años de mi infancia, en una casa muy grande, llena de enredaderas, platanales, viñedos, jardines y lugares para jugar. El azar nos llevó ahí pues mis padres alquilaron ese caserón sólo mientras construían una casa situada pocas cuadras mas allá, siempre al pie de la avenida Salaverry. Recorrí esta avenida larguísima, hermosa entonces, llena de árboles, de doble pista, en cuya berma central se veían pasar escuelas enteras de equitación y más de un jinete solitario y algunas hermosas amazonas, y que tenía una zona de bosque llamada curiosamente “matamula”, que siempre ejerció una gran fascinación en mí. Finalmente ocurrió que mis padres tardaron tanto en ponerse de acuerdo sobre el estilo de la casa que iban a construir, virginiana para mi padre y andaluza para mi madre, que permanecimos en aquella casona de la avenida Salaverry muchos mas años de los calculados y ahí seguí disfrutando incluso del viejo y ya desaparecido hipódromo de San Felipe, todo un mundo de preparadores, jinetes, apoderados, apostadores y señorones o políticos de una Lima ya inexistente. Todo ello, por último, me llevó a recorrer hasta cuatro veces al día la avenida Salaverry, que era entonces, sin lugar a dudas, la más hermosa avenida del Perú.



Siempre ha tenido mucha curiosidad por romper fronteras. ¿Ese anhelo le viene de querer poner fin a un modo de vida rutinario o de las vivencias que le han aportado sus lecturas?

Yo creo que empezó siendo, como usted bien señala, el ansia de poner fin a todo el mundo que viví hasta alcanzar la mayoría de edad, y luego también la lectura tuvo mucho que ver en esto. A menudo me moví por Europa llevado por autores como Stendahl, gracias a cuya lectura ahondé mucho en mi amor por Italia, desde Turín hasta Sicilia.

Dice que con la literatura se puede ser perdonado, querido y creído. ¿También en la patria de uno? ¿O es más fácil lograrlo más allá de esas fronteras?

Los críticos aquí en el Perú y, sobre todo, Ricardo González Vigil, critico del diario El Comercio de Lima, reconocido como uno de los más grandes críticos peruanos, cada vez que se refiere a mí dice que soy el autor mas querido del Perú. Con él también concuerdan otros críticos importantes como Lito Pinto y varios más. Lo más importante, sin embargo, es el afecto que me muestran los lectores en cualquier lugar que me encuentre, aquí en Lima y en provincias.

Se ha ausentado durante años de Perú, para volver al tiempo. Entretanto, ha escrito mucho, ha opinado otro tanto y le han acusado de plagio, pese a que usted insiste en que nada tiene que ver con el asunto. ¿Cree que por todo eso lo fácil es que lo tachen de rebelde?

La verdad, prefiero que me tachen de rebelde y hasta de insumiso con tal de que me dejen vivir en paz aquí o donde sea. Pero lo cierto es que no hay nada tan aburrido como soportar una buena reputación.

Le da una importancia vital a sus amistades. Cuando lo definen como un hombre de ocurrencias y contradicciones, que dice y se desdice, o cuando usted afirma de sí mismo que es “al revés”, entonces ¿de qué pasta están hechos sus amigos?

Tengo escrito en uno de mis libros que “a los amigos hay que saber perdonarles todo, aunque joda”.

Afirma que relee más que lee. ¿Eso se debe a que nada de lo que se escribe hoy le puede sorprender o es que no deja de aprender

Sí, releo mucho. Creo que esto es fruto de la edad y la experiencia, que también es algo común a la mayor parte de los escritores mayores, pero ello no impide que siga siendo lector de muchas cosas escritas por autores muy jóvenes. En el Perú sigo constantemente las publicaciones de autores que a veces no tienen ni 30 años y en España, por ejemplo, sigo leyendo muy fielmente a muchos de mis escritores favoritos, como Luis Landero o Almudena Grandes.




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