Viernes 06 de agosto de 2010
El mundo ha puesto sus ojos en Holanda, donde el Tribunal Especial de Sierra Leona de La Haya está llevando a cabo un juicio contra el ex presidente de Liberia, Charles Taylor, a quien se le acusa de financiar a la guerrilla revolucionaria con “diamantes de sangre”. Lo curioso de la jornada fue la presencia de la modelo Naomi Campell, quien compareció ante el jurado.
La “Diosa de ébano” como se le solía llamar a esta maniquí en la década de los noventa, señaló que recibió una bolsa con “piedras muy pequeñas y muy sucias”, de unos hombres desconocidos que supuestamente fueron enviados por Taylor. Seguramente la superficialidad del comentario habrá dejado estupefacto a una audiencia que quizá ha tenido que escuchar, testimonios de la crueldad que se esconde detrás de lo que ella califica “piedras pequeñas y sucias”. “Piedras” que valen más que una vida humana, que fueron la fuente financiamiento de un grupo armado que asesinó a 50.000 personas y reclutaba niños para su causa, bien sea para convertirlos en esclavos dentro de las minas de diamantes o en guerrilleros.
Sra. Campell, sabemos que usted es amiga personal de Nelson Mandela, siendo una constante benefactora de su Fundación. Sin embargo, lo observado en el tribunal deja mucho que desear, porque dio la sensación,-esperamos que sea equívoca-, de que más repulsión le generó el recuerdo de esa bolsa con “piedritas sucias”, regalo del ex mandatario liberiano, que su turbia procedencia.
¿Quizá el detalle le hubiese resultado exquisito si esas gemas se las hubiesen entregados limpias y perfectamente cortadas, listas para convertirlas en una de esas maravillosas joyas que usted está acostumbrada a llevar? Pero no fue así. Y, aunque Charles Taylor le hubiese regalado un diamante del tamaño Golden Jubilie de 545,67 quilates, éste sería ante los ojos del mundo, una piedra sucia manchada de sangre.
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