Moratinos guarda silencio ante las acusaciones
Lunes 09 de agosto de 2010
Las relaciones entre los reinos de España y Marruecos nunca han sido fáciles. Han pasado del idilio que prometió Rodríguez Zapatero a su llegada a La Moncloa, a la situación actual al borde del enfrentamiento diplomático. En el periodo del gobierno de Aznar, evolucionó del engarce empresarial y la cooperación militar, al choque por el islote de Perejil. Anteriormente Felipe González tampoco se salvó : pasó de la mano tendida para mantener relaciones privilegiadas con Rabat, a la mini-guerra de la pesca. Ayer y hoy, la actitud de Rabat resulta incomprensible para la diplomacia española.
En un plazo de pocas semanas, el gobierno marroquí ha emitido cuatro comunicados con sendas acusaciones a España, a la policía y a la Guardia Civil. El primero fue tras el incidente protagonizado por cinco jóvenes marroquíes inmigrantes en Bélgica que entraron a Melilla en un vehículo provistos de una bandera marroquí. Según la versión oficial de la diplomacia alauita fueron agredidos y maltratados por la policía española sin juxtificación por lo que tuvieron que ser atendidos en una clínica de Marruecos. Las Autoridades españolas contestaron dicha versión y pidieron a sus homólogos marroquíes mantener la calma y las vías habituales de comunicación. Tampoco se ha podido saber si los jóvenes enarbolaban el estandarte o simplemente lo transportaban en el maletero.
Un segundo incidente fue protagonizado por un jóven que pretendía entrar en Melilla con una bolsa de sardinas. Según el Comunicado oficial del Ministerio de Exteriores de Rabat, fue agredido por la policia española. Una version oficiosa española indicaba en cambio que el joven Mustafá Belahcen, pretendía entrar por un paso reservado a los lugareños y al que no tenía derecho. Tanto en Ceuta como en Melilla existen pasos fronterizos por los que sólo pueden transitar las personas con residencia local o con documento de identidad expedido en Tetuán o en Nador respectivamente.
El tercer comuinicado emitido desde Rabat se refiere a otros casos de maltrato a ciudadanos de este país por parte de la policía española, que han tenido que ser atendidos en el hospital de Nador. El gobierno de Rabat que preside el nacionalista Abbas el Fassi había "denunciado vigorosamente tales comportamientos, irrespetuosos con la dignidad humana, contrarios a todas las reglas de la deontología y de esencia incontestablemente racista".
El último choque se ha producido cuando el gobierno marroquí ha difundido un Comunicado en el que acusa a la Guardia Civil española de haber abandonado en aguas marroquíes cercanas a Ceuta a 8 inmigrantes subsaharianos en precarias condiciones de salud, lo que condena "vigorosamente". La denuncia se basa única y exclusivamente en el testimonio de uno de ellos de nacionalidad camerunesa, que declaró en una comisaría marroquí que él y sus compañeros de infortunio habían llegado ya a las playas de Málaga cuando la Guardia Civil les interceptó y les trasladó en una embarcación de nuevo a la costa marroquí donde les arrojaron al mar tras haberles golpeado.
Además de las denuncias y protestas oficiales, varias asociaciones marroquíes (57 según el comunicado oficial) se manifestaron este sábado pasado ante la embajada española en Rabat y el consulado español en Nador. Por otra parte, la presidenta de la Organización Marroquí de Derechos Humanos (OMDH), Amina Bouayach, que goza del apoyo oficial del Estado, en un llamamiento difundido por la Radio Nacional de Marruecos en su hora de máxima audiencia, ha condenado "los actos provocadores de la Guardia Civil, de clara connotación racista" hacia los 8 inmigrantes subsaharianos y ha hecho un llamamiento a las asociaciones españolas para que se movilicen en defensa de los ciudadanos marroquíes y africanos.
Idéntica posición ha sido la tomada por el presidente del Consejo Consultivo de Derechos del Hombre (CCDH), Ahmed Herzenni, que ha subrayado que "la actitud provocadora de la policía española es contraria a las convenciones y tratados internacionales". El CCDH es un organismo creado por el gobierno marroquí para tratar de los problemas inherentes a la violación de los derechos humanos en Marruecos durante el reinado de Hassan II.
Lo que más llama la atención de los observadores políticos y dioplomáticos es la dimensión que la diplomacia marroquí está dando a estos incidentes. En lugar de utilizar los mecanismos habituales de concertación y diálogo y de crear, cuando es necesario, comisiones de investigación para verificar las declaraciones de las personas que dicen haber sido maltratadas por las autoridades o echadas al mar – en el caso de los inmigrantes subsaharianos –el ministerio que dirige Tayeb Fassi Fihri, que sólo rinde cuentas al Palacio Real, ha emitido sendos comunicados de denuncia y condena utilizando un lenguaje inhabitual en las relaciones institucionales entre ambos países. "Existe algún problrema de fondo entre los dos países que ni Rabat ni Madrid confiesan, y que hace que se produzca esta guerra de acusaciones", declara una fuente política a El Imparcial. "Las relaciones están muy tensas y cualquier chispazo puede conducir a una ruptura". Ante esto, el ministerio que dirige Miguel Angel Moratinos ha optado por el silencio. Los analistas políticos se preguntan por qué.
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