Antonio D. Olano | Sábado 14 de agosto de 2010
Si non e vero.. No fue verdad; pero resultó ben trovato. Traigo a la memoria, más que histórica bien leída, que se refiere al torero legendario, más leyenda que torería, conocido como “Desperdicios”.
Se cuenta que la pérdidas de un ojo, que fue realidad, y que fue seguida por un gesto que pretendía ser gesta. Apartó el ojo herido de su órbita, lo lanzó a ruedo y dijo arrogante:
-¡Desperdicios!
Esa fue una historia que nunca existió. El matador de toros bravos, además gran aventurero en selvas americanas, efectivamente fue mutilado en diversas ocasiones, entre ellas con la pérdida de la visión de un ojo. Pero el “estrambote” que pretende adornar el hecho, sobra. Hoy a esos relatos les llaman “leyendas urbanas.
Desperdicio, y grande por cierto, fue la separación de una cabeza, la de Goya, de su tronco.
Dio mucho que hablar, bastante que escribir. Incluso se insinuó que se había hecho con ella el sabio doctor Gregorio Marañón con objeto de estudiarla.
Años más tarde apareció la tan buscada cabeza. Desenterraron al aragonés para enterrar a don Diego de León. Pero dejaron, el olivo reinante, la cabeza del pintor. ¡Todo sea a favor de la leyenda!
Ángel Manuel García, verdadero edecán de los madriles, me dio noticias, hace muchos meses, de la reaparición de la cabeza del fotógrafo de los acontecimientos de un lejano mayo. Yo se las comuniqué a mis lectores.
¡Albricias, pan de Madagascar!.¡Ha aparecido la tan buscada cabeza de don Francisco!.
Se guarda en la Sacramental de San Isidro. Y llegan a mí rumores que sus guardas, nada cuidadosos, pretendían vendarla, como una exclusiva tipo Belén Esteban, al mejor postor informativo.
Desde hace mucho tiempo, en los principales medios escritos del corazón, casi han desaparecido los periodistas profesionales. Entraron en juego, juego sucio por cierto, personajes con influencia que recibían, y reciben millonarias cantidades a cambio de facilitar una entrevista, la exclusiva de una boda o de un bautizo, un compromiso o una separación.
A los papanatas que se entregan a esos programas no les interesa la cabeza de Goya porque ignoran lo que ha sido y sigue siendo don Francisco de Goya y Lucientes.
Todos los que no se llamen jesulines o cosa semejante no entran en la curiosidad de los ignorantes. De los consumidores de infamias injurias.
Ellos deberían hacer juramento, y me refiero a esos falsos y falsas periodistas, de decir la mentira y nada más que la falsedad.
Por eso si les hablan a esos (y esas) rebotados de otros oficios, de Goya o de su cabeza, posiblemente exclamarán:
¡Desperdicios!
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