Juan Federico Arriola | Domingo 15 de agosto de 2010
Berlín, Alemania. El pequeño pueblo de Wannsee en las cercanías de Berlín tiene una paradoja existencial: en un aspecto guarda la calma del lago bello al cual debe su nombre y por otro, es el sitio histórico donde se reunieron varios jerarcas nazis en enero de 1942 para determinar lo que ellos denominaron Endlösung (solución final al problema judío) y que consistía en exterminar al pueblo judío. Una parte numerosa ya estaba presa de manera completamente arbitraria y criminal en campos de concentración, algunos de exterminio. Pero también había muchas personas que estaban escondidas en ciudades y campos en los territorios ocupados. Una de esas personas entre millones fue la jovencita Anna Frank, oriunda de Frankfurt am Main, judío-alemana, y que huyo con su familia a Holanda -cuando comenzó la represión contra los judíos y todos los opositores la régimen nazi- donde fueron descubiertos en 1944.
La reunión fue presidida por Reinhard Heydrich, entonces protector de Bohemia-Moravia y que murió en junio de 1942 a consecuencia del atentado que sufrió por parte de valientes checos que fueron posteriormente asesinados. El pequeño pueblo de Lidice, cerca de Praga fue barrido por completo como represalia contra el atentado a Heydrich. Por lo menos un biógrafo de Heydrich sostiene que la abuela paterna del conocido nazi fue judía y alguien ha sostenido sin pruebas fehacientes que Heydrich murió pidiendo perdón a los judíos.
El secretario en aquella reunión en Wannsee, fue Adolf Eichmann, quien huyo de Europa apenas terminada la segunda guerra mundial y se refugio en la Argentina, donde fue descubierto y secuestrado por el Mossad y llevado a Israel para ser juzgado y sentenciado a pena de muerte en 1960. El juicio a Eichmann fue tema de un excelente libro de la filosofa política Hannah Arendt EICHMANN EN JERUSALEM. Una calle cercana a la puerta de Brandenburgo y junto a un parque berlinés dedicado a las victimas del nazismo lleva el nombre de esta extraordinaria intelectual nacida en Hannover.
Parece increíble que un pequeño y bonito pueblo cerca de Berlín haya sido el lugar para organizar la continuación del holocausto.
¿Por qué los aliados no bombardearon los campos de concentración desde los inicios de la guerra? ¿Por qué no sabotearon las vías férreas para impedir o por lo menos retrasar de manera importante el envío de personas de todos los credos religiosos y múltiples nacionalidades a los campos de concentración?
Wannsee es un sitio hermoso. Su paradoja de alguna manera lastima. Espero que algún día, cuando la humanidad sea mejor, pueda honrar cada rincón del planeta Tierra: Wannsee junto con Lidice; Hiroshima junto con Nueva York; Katyn con Moscú; Guernica con Varsovia; Ciudad Juárez con Berlín.
Berlín que terminó destruida física y moralmente en 1945 ya no parece mas la capital de un régimen de terror. Berlín es hoy una metrópolis cultural, política, académica, ecológica, económica y social de gran envergadura. Tiene un encanto especial.
No olvidemos que el presidente de Estados Unidos, John Kennedy proclamó en junio de 1963, que todos los hombres y mujeres que aman la libertad son berlineses, y por eso dijo en alemán: Ich bin ein Berliner (yo soy un alemán).
Berlín ya no tiene un muro, esta abierta al mundo...y Wannsee también.
Para mis amigos Klaus y Helga Adomeit, excelentes anfitriones berlineses
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