Luis María ANSON | Lunes 16 de agosto de 2010
De forma muy discreta, sin alardes ni aspavientos, Pedro Solbes le ha recordado a Zapatero en el diario El País: “Las cosas se están haciendo ahora como yo quería”. Ante la crisis que Zapatero negaba, su vicepresidente económico hacía lo que podía, esforzándose por frenar las ocurrencias del faro de la Alianza de las Civilizaciones que nos proyectaban al abismo.
Zapatero terminó hartándose de la resistencia de Solbes, incapaz de reconocer la alta cualificación económica del presidente dadivoso. Y escabechó sin piedad al vicepresidente sabio. Nombró para sustituirle a su más querida marioneta, Elena Salgado. La nueva vicepresidenta tenía sólidamente acreditado no saber una palabra de economía pero la apuesta con ella era segura. Haría en todos los casos lo que Zapatero decidiera, sumisa y genuflexa. Y, claro, se acentuaron los despropósitos.
Pero estamos en la Europa del euro y Zapatero comprometía gravemente con su actitud la estabilidad de la moneda única. Así es que Alemania y Francia impusieron al presidente circunflejo las medidas que propugnaba Solbes. Ahora, el ex-vicepresidente económico ha recordado discretamente su posición. Ha hecho bien. Zapatero se merecía el cachete recibido. Una persona menos templada y equilibrada que Solbes se hubiera despachado con crueldad. El ex-vicepresidente lo ha hecho con moderación y prudencia.
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