Francisco Parra | Viernes 14 de marzo de 2008
Cuando estalló la crisis diplomática entre Colombia, Ecuador y Venezuela, como consecuencia de las operaciones de la policía y el ejército colombianos en territorio ecuatoriano y que se saldaron con la muerte del número dos de las FARC, muchos pensaron que se trataba de un episodio más del conflicto regional andino que tiene inquietos a los Estados Unidos y Europa. Sin embargo, conforme han ido transcurriendo los días hemos podido constatar que se trata de un conflicto transnacional en el que no sólo están en riesgo la paz y la seguridad de esos países, sino de la región latinoamericana en su conjunto.
Más allá del oportunismo de las declaraciones del presidente nicaragüense, Daniel Ortega, ahora sabemos que en la crisis andina también están involucrados estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). De acuerdo con las autoridades mexicanas y ecuatorianas, al menos cuatro de las personas que murieron en el ataque de la milicia colombiana portaban pasaportes mexicanos. Incluso, una de las personas hospitalizadas como consecuencia del operativo es Andrea Morett Álvarez, identificada como uno de los principales enlaces de las FARC en México. El otro es "Dagoberto", responsable de las finanzas y el reclutamiento de simpatizantes en territorio mexicano.
La UNAM ha negado sistemáticamente que la guerrilla haya penetrado en sus estructuras, pero en esta ocasión ha reconocido que tres de los cuatro mexicanos muertos eran estudiantes de esa Universidad. Se calcula, según el testimonio de personas allegadas a las victimas, que la cifra de estudiantes de la UNAM involucrados con la guerrilla de la FARC asciende a más de 40 personas. No es la primera vez que el eje Venezuela-FARC exporta el conflicto a suelo mexicano, ya en las pasadas elecciones presidenciales hicieron acto de presencia con dinero y activistas.