Viernes 14 de marzo de 2008
Desde su llegada a la presidencia francesa, la idea de crear una gran comunidad de países mediterráneos lo más alejada posible de la injerencia de Bruselas, ha sido uno de los objetivos de Nicolas Sarkozy. El presidente francés siempre ha considerado que el proceso de Barcelona -creado a iniciativa de Javier Solana en 1995 durante la presidencia de turno de la UE de España- se quedaba corto de cara a este objetivo. Esta semana, por fin ha conseguido que el Consejo Europeo apruebe apoyar económicamente el nuevo proyecto, que se llamará "Unión por el Mediterráneo". El dinero con el que la UE respaldará a esta organización saldrá de los 7.000 millones de euros anuales destinados a financiar proyectos extra comunitarios.
Sarkozy -deseoso de mostrar una imagen fuerte y dinámica tras el varapalo electoral del pasado domingo y de cara a la segunda vuelta de mañana- se presentó ante los países miembros con este plan bajo el brazo y lo expuso ante los demás jefes de Estado, aunque no estaba incluido en la agenda oficial del encuentro. El objetivo del líder galo es que cada país mediterráneo de la UE presida la organización durante dos años junto a otro no comunitario.
Fomentar la unión entre los países del mediterráneo es una buena idea. Las orillas del Mare Nostrum comparten una historia común y ciertas raíces culturales y tender puentes es siempre conveniente. Sin embargo, el ambicioso proyecto de Sarkozy no deja de antojarse quimérico, en vista de los importantes obstáculos a los que ha de enfrentarse. Por una parte está el factor económico. Tal y como ha advertido Romano Prodi, si no se aumenta el presupuesto destinado al proyecto, éste acabará "teniendo la misma frustración" que su antecesor. Otra de las grandes piedras en el camino es la reticencia de los países árabes a que Israel les represente durante el tiempo que dure su turno como co-presidente de la organización. El otro gran problema será superar la enorme diferencia de renta entre los países del norte y los del sur.
Los obstáculos a los que se enfrenta el proyecto y la experiencia previa de Barcelona, no invitan al optimismo. Sin embargo, tal y como afirmó el mismo Sarkozy durante la rueda de prensa que concedió esta semana, "todos los problemas no se van a solucionar esta noche, pero esto ya es un paso". La primera prueba de fuego del proyecto vendrá en julio durante la cumbre que tendrá lugar en París.
REBELIÓN EN EL TIBET
Últimamente, todas las noticias que llegaban de Pekín guardaban relación con los próximos Juegos Olímpicos que se celebrarán allí este verano. Adecuación de señales de tráfico con leyenda en inglés, prohibición de escupir, obras faraónicas para coger determinados eventos, y un largo etcétera de curiosidades semejantes. Imágenes amables. Por eso, lo último que habría deseado el gobierno chino es verse involucrado en los disturbios que se han desatado en el Tibet, los peores desde hace décadas. La Policía china ha reprimido duramente las protestas de la sociedad tibetana -civiles y monjes budistas juntos, en clara alusión a la unión social que existe contra el gigante rojo-, y el número de víctimas es aún una incógnita, si bien los augurios en este sentido no son buenos. Además, es de temer que en la capital, Lasha, se reproduzcan las confrontaciones próximamente.
Es conocido el escaso -por no decir nulo- respeto que existe en China por los derechos humanos. Son frecuentes las manifestaciones ante las embajadas de Estados Unidos cada vez que se ejecuta a un convicto en algún estado con pena de muerte. Pero es China el país del mundo en el que más condenados a muerte se ejecutan al año, sin que a nadie parezca importarle. Como dato macabro, la familia de los fusilados ha de costear las balas. No obstante, China es intocable. Son muchos. Y ahora, además, su potencial económico es enorme. Si Asia se ha convertido en la fábrica del mundo, China ocupa el primer lugar en manufacturas.
A pesar de la férrea dictadura comunista que dura más de medio siglo China ha liberalizado su economía y ha terminado por transformarse en una formidable potencia económica. Además, su capacidad militar era y es importantísima. Pocos se atreven a importunar al gigante que, al fin, ha despertado. La izquierda mundial, porque allí manda el comunismo totalitario. Estados Unidos y Europa, porque hay mucho dinero en juego. Y entre tanto, los derechos humanos de millones de personas, pisoteados. Por eso, en Pekín no hay demasiada inquietud. Sabe que la comunidad internacional no será especialmente dura, y aunque así sea, poco le importa. El sentimiento nacionalista del Tíbet volverá a ser masacrado. Sólo el Dalai Lama tiene una voz lo bastante alta como para hacerse oír. Es de esperar que su testimonio no quede en una mera anécdota romántica, y que el mundo se conciencie de que, por encima del capital y de regímenes dictatoriales, están las personas.
OPERACIÓN SALIDA
Nos enfrentamos hoy a uno de los fines de semana más conflictivos del año en lo que a tráfico se refiere. Entre ayer y hoy está previsto que se desplacen más de 15 millones de vehículos. No es de extrañar que la DGT tiemble cada vez que la Semana Santa se acerca. Las cifras son claras. Durante los últimos cuatro años el número de fallecidos en carreteras en estas fechas se ha mantenido estable entre los 103 y los 110. Sin embargo, la eficacia comprobada del carné por puntos y la reforma penal en materia de tráfico, hacen que este año podamos esperar que estás terribles cifras puedan verse rebajadas. No podemos acostumbrarnos a aceptar de manera pasiva que cada año miles de personas se dejen la vida en la carretera. Y es por eso que al Gobierno de Zapatero hay que reconocerle el mérito de haber sido el primero en abordar este problema de forma seria y eficaz. Hasta entonces parecía que las sucesivas administraciones españolas habían asumido que la siniestralidad vial era una especie de catástrofe natural ante la cuál no cabía otra solución que la resignación. Y, aunque hay voces que consideran que la eficacia de este sistema no está del todo comprobada, es innegable que las cifras de muertos se han rebajado desde su entrada en vigor, en julio de 2006.
Sin embargo, aún queda mucho por hacer. La educación vial y la interiorización de un sentimiento de responsabilidad cívica son asignaturas aún pendientes en muchos conductores. Sólo hay que ver las salvajadas que de las que presumen en la web youtube inconscientes que, afortunadamente, se delatan ante la ley en su afán de notoriedad. Por otra parte, también está en manos del Gobierno el realizar las obras necesarias para que nuestras carreteras sean cada día más seguras y algún día podamos decir que no existen ‘puntos negros’ en nuestra red vial. La lucha contra los accidentes de tráficos está en manos de todos. Contribuyamos entonces a que los únicos lamentos que se oigan esta Semana Santa vengan de las procesiones.
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