Álvaro Ballesteros | Jueves 19 de agosto de 2010
Los ciudadanos europeos, y muy especialmente (gracias al actual gobierno) los españoles, no ganamos para disgustos en esta crisis que amenaza con dejar a Europa mucho más débil (dentro y fuera) de lo que ya lo era antes de que muchos quisieran darse cuenta. Y en plena crisis, a nuestros demagógicos líderes políticos no se les ocurre más que hacer anuncios disparatados que muestran una vez más su desconexión con la realidad y su más absoluta incapacidad para servir a los intereses de los ciudadanos. En España, parece además que nuestros gobernantes chupasangres están dispuestos a seguir con su actuación estilo “Rey de los Hunos”, poniendo todas las bases para aniquilar cualquier posible inicio de recuperación de las PYMES y las familias. Me refiero al surrealista anuncio de Don Pepe Blanco de que “los impuestos españoles son muy bajos y hay que subirlos para tener infraestructuras de primera”. Nuestro glorioso ministro sin estudios se ha quedado sin fondos en su ministerio y ya saben ustedes, así no se brilla tanto: en España las cosas solo marchan políticamente cuando hay millones a repartir sin control, y como Zapatero lleva ya demasiado tiempo gastando lo que no tiene, ahora se le ha fastidiado la partida a Pepe Blanco y a su Ministerio de Fomento. Se permite el hombre la bárbara osadía de justificar lo injustificable con aquello de que “hay que hacer sacrificios” , y habrá quien aun le de la razón a este amante de la buena vida que nunca ha dado un palo al agua. Si jugamos a compararnos con Europa, ¿por qué no comparamos también sueldos? Porque querer tener los impuestos de Alemania con los sueldos de España es un desvarío: una receta genial para mantener a todos en la pobreza, dependientes de las dádivas de gobernantes ilustrados a lo Pepe Blanco. Eso sí que es socialismo cesarista.
Los colegas europeos de nuestros ilustres gobernantes hispanos parecen subirse al mismo carro, anunciando la propuesta de que con objeto de financiar sus políticas, "Bruselas prevé un impuesto europeo", titula el Financial Times Deutschland, tras el anuncio del comisario de Presupuesto Janusz Lewandowski para someter a la decisión de los 27 varias opciones en este sentido, en el próximo mes de septiembre. Entre las osadas propuestas figura una tasa sobre los trayectos en avión, una tasa sobre las transacciones financieras y otra sobre los ingresos por la venta en subasta de las cuotas de emisión de CO2. Es "una proposición explosiva", considera el periódico alemán; y tanto, me pregunto añadir yo: otro regalito envenenado que promete arruinar las expectativas de desarrollo y crecimiento económico en la UE a corto y medio plazo.
La propia Comisión Europea, (dirigida por el sumamente gris Barroso apoyado en todo momento por un Zapatero que se olvida contradictoriamente de que el portugués fue el anfitrión de la Cumbre de las Azores), ya intentó este año aumentar un 5,7% el gasto del bloque a 130.000 millones de euros. “¿Crisis? ¿Quién dijo crisis?” La propuesta hizo que varios socios comunitarios montaran en cólera, sumidos en duros planes de ahorro en plena crisis. Finalmente, parece que la propuesta que aún debe negociarse con el Parlamento Europeo, prevé un aumento de un 2,9% en el presupuesto. Esto implica que el gasto será de 126.500 millones de euros en lugar de los 130.000 millones propuestos por la Comisión. Para que luego nos sigan diciendo que no es importante lo que se decide en Bruselas. Parece que a muchos se les olvida que todo ese dinero sale de nuestros bolsillos, aunque llevemos años sin saber a ciencia cierta en qué se gasta y qué controles de gasto hay (si es que existen algunos). La respuesta típica de los políticos españoles es la de salir con lo de: “¿cómo puede nadie cuestionar el gasto en la UE con lo que nos hemos beneficiado los españoles de los Fondos de Cohesión?”, pero eso a mí, damas y caballeros, solo me parece una excusa de oro para que muchos en Bruselas sigan moviendo millones sin control, gastando en temas injustificables (solo comparables a los gastos del actual gobierno catalán, especialmente las partidas dirigidas por ERC para fomentar el uso del catalán en Francia, mientras se pide más dinero a Madrid para afrontar una deuda astronómica). Con razón dicen que el sentido común es el menos común de los sentidos, y en política, más aun si cabe.
Mi humilde propuesta de “sacrificios” para los iluminados como Pepe Blanco o el propio Barroso, es que empiecen ellos por dar ejemplo, centrándose en dar respuesta a los problemas de los ciudadanos españoles y europeos, dejando por fin de lado los malditos intereses partidistas y sus despreciables ansias de poder. Que empiecen por reducir gastos superfluos, eliminando los famosos 600 asesores personales de Zapatero (me pregunto para qué los quiere, si todo el mundo coincide en que este hombre no escucha ya a nadie); que continúen eliminando estructuras duplicadas que solo sirven para mantener a políticos como el propio Pepe Blanco sin trabajar en toda su vida: escondiéndose en diputaciones provinciales, ayuntamientos, consejerías, comités y fundaciones, universidades públicas y puestos en las crecientemente duplicadas administraciones del Estado. Menudo laberinto de gasto sin control.
Que empiecen por recortar gasto reduciendo las subvenciones a los partidos políticos y el gasto en las campañas electorales. Que se recorten partidas de gasto superfluo en todas las instituciones. Que impongan un control férreo y una lucha sin cuartel contra el fraude y la evasión de capitales. Que afronten por fin una reforma del funcionariado público, que elimine los miles de puestos superfluos e innecesarios y que remunere como es debido a aquellos servidores públicos que sí trabajan realmente. Que acaben de una vez con el maldito juego que permite a los políticos en media España tener comprados millones de votos con el PER y con el subsidio de desempleo (que cobran millones de españoles que luego trabajan y cobran “en negro”). Que reduzcan el peso de las elefantiásicas administraciones públicas (locales, provinciales, regionales, forales), y que combatan firmemente la corrupción en tantos campos. Eso son medidas serias, sacrificios reales y políticas de Estado destinadas a servir al país y no a los malditos intereses privados de políticos y partidos.
“Estamos mejor de lo que parece”, era eso lo que nos decía el iluminado de León. Claro que sí. Sobretodo si eres un político de alto cargo (o pariente suyo) en esta España rota que cada día tiene menos instrumentos para salir adelante si no se acometen las reformas estructurales que les mencionaba antes. Y por último, que dejen nuestros políticos de darnos lecciones de demagogia y de tomarnos el pelo.
Que nos ayuden a recomponer el país y a afrontar los desafíos que el siglo XXI trae, en lugar de seguir mirándose el ombligo como avestruces idiotas que ignoran lo que se les viene encima. Escribía recientemente mi amigo Enrique Calvet que “España se ha roto por todas sus costuras y de ello se ha dado cuenta hasta el bobo de Coria -el que no haya llegado a alto político por lo menos-. España se ha roto porque se han roto la unidad de mercado, la solidaridad, la igualdad de derechos civiles, la igualdad ante la ley, las obligaciones fiscales, la lengua común, el transporte por carreteras, y el sursuncorda, y lo padecemos todos los días”. Y es por ahí por donde tenemos que empezar a trabajar y a recomponer las bases de la recuperación económica y política, me permito recordarle a don Pepe Blanco. ¿De qué sirven las infraestructuras si el Estado está cada vez más cuarteado e inutilizado?
A los iluminados aparatchiks europeos que piden el establecimiento de una Eurotasa para financiar las políticas de una UE que brilla por su ausencia cada vez que los ciudadanos necesitan verla en acción en cada uno de los temas estrella de nuestra vida, solo puedo decirles que empiecen igualmente por aplicarse el cuento y reducir el gasto, simplificando procedimientos y luchando contra el fraude y la corrupción. Como ejemplo real, que empiecen por borrar del mapa la dualidad de sedes del Parlamento Europeo. Pagar un Parlamento en Bruselas y otro en Estrasburgo cuesta una millonada que es ciertamente insultante e inmoral, más aun si imaginamos lo que nos cuesta que sus Señorías pasen parte de cada mes trasladándose (en primera clase) de una sede a otra, junto con traductores, papeles, informes y archivos. Un circo que nos sale carísimo y que tiene cada día menos razón de ser. Que se auditen partidas de gasto y se revisen políticas concretas: que esta UE brilla poco pero cuesta mucho.
No se trata de seguir apretándole las tuercas a la gente. Lo que necesitamos encarecidamente son políticos honestos y honrados, que sepan anteponer los intereses de la ciudadanía a los suyos propios y a los de sus partidos políticos, que se han convertido en estructuras que protegen a los suyos pase lo que pase, al tiempo que devoran nuestra democracia como si de un verdadero cáncer se tratase.
Necesitamos medidas ejemplarizantes, que nos muestren que alguien se preocupa de verdad por nosotros, por nuestro futuro y el de nuestros hijos. Lo que no necesitamos son demagogos iluminados que después de haberse fundido los millones de Euros de superávit en las arcas del Estado nos vengan ahora a contarnos que hay que hacer sacrificios para que ellos sigan en la cúspide del Titanic, jugando a dar limosnas, poniendo al mal tiempo buena cara e ignorando que llevamos ya demasiado tiempo ahogándonos. Un poquito más de seriedad; hágannos el favor.
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