Opinión

El saldo final de Irak

Viernes 20 de agosto de 2010
Tal y como prometió, Obama ha retirado a sus tropas de Irak. Ese es el mensaje que Washington quiere mandar; un mensaje que, en su literalidad, ha calado de manera muy honda en el sector más progresista del Viejo Continente. Pero las apariencias son una cosa y la realidad, otra bien distinta. En Irak se quedarán más de 50.000 soldados estadounidenses, llevando a cabo misiones de apoyo y asesoramiento. Sobre el papel, quien vuelve a su país son las denominadas “tropas de combate”.

¿Acaso no lo son todas? Bien es verdad que el protagonismo adquirido por las fuerzas de seguridad iraquíes es cada vez mayor, como no podía ser de otra manera. Pero a nadie escapa que el papel que desempeñarán los militares estadounidenses que permanezcan en Irak será más que testimonial, algo comprensible si se tiene en cuenta el enorme esfuerzo que han hecho los norteamericanos desde que entrasen en el país hace 7 años.

Es pronto todavía para hacer un balance definitivo. Más de 4.000 soldados estadounidenses han perdido la vida allí, por 100.000 iraquíes, entre insurgentes y población civil. Unos números escalofriantes que, sin embargo, no han redundado en una mejora sustancial de la situación. No obstante, al menos ahora hay un germen de estado y de gobierno más o menos democrático -rara avis en la zona-, aunque la violencia, si bien muy reducida, sigue siendo una constante insoportable y aparentemente imposible de erradicar. Con todo, es mejor que lo que había antes: una dictadura totalitaria y beligerante donde el respeto a los derechos humanos era una quimera. Si tras estos durísimos siete años Irak es capaz de iniciar una andadura en paz y democracia, el sacrificio no habrá sido en vano. Pero aún queda mucho por hacer. Y por tutelar, por más que haya quien se resista a verlo así.

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