Opinión

Esperanzas y retiradas

Ricardo Ruiz de la Serna | Sábado 21 de agosto de 2010
Durante todo el siglo XX, Oriente Medio fue ganando importancia en la política exterior de los Estados Unidos, que terminó por desplazar la influencia británica y francesa en la región. La carrera por el petróleo y la descomposición del Imperio Otomano propiciaron el nacimiento de Estados como Irak, Kuwait y Arabia Saudí.

El Presidente Obama pronunció la semana pasada un discurso en la cena de Iftar -con la que se inicia el Ramadán- y subrayó la importancia del Islam en la Historia de los Estados Unidos. El lector disculpará que la cita sea larga porque la encontrará, sin duda, interesante:

Esta noche, se nos recuerda que el Ramadán es una celebración de una religión conocida por su gran diversidad. Y el Ramadán nos recuerda que el Islam siempre ha sido parte de Estados Unidos. El primer embajador musulmán ante Estados Unidos, de Túnez, fue recibido por el presidente Jefferson, que organizó una cena tras la puesta del sol para su invitado porque era Ramadán, lo que hizo que aquella fuera el primer iftar que se conoce en la Casa Blanca, hace más de 200 años. (Aplausos).

En efecto millones de seres humanos emigraron a América confiando en que quien trabaja duro y cumple la Ley dará un futuro mejor a sus hijos. Resulta interesante, por eso, repasar los acontecimientos de una semana en la que los Estados Unidos han movido pieza en el escenario siempre complejo de Oriente Medio. En la misma semana en que ha entrado en funcionamiento el reactor nuclear de Bushehr, en Irán, se ha completado la retirada del Ejército estadounidense de Irak y se han reiniciado las conversaciones entre Israel y la Autoridad Palestina. Los más optimistas creen que será posible la proclamación de un Estado palestino para dentro de un año, pero, con el delicado juego de alianzas, intereses y movimientos de la región, este pronóstico me parece precipitado.

El problema de fondo es que la influencia de los Estados Unidos en los distintos escenarios parece estar disminuyendo y el propio liderazgo estadounidense dentro y fuera de sus fronteras está en cuestión. Las palabras del Presidente en la cena de Iftar han desatado una encendida polémica con motivo del establecimiento de un centro islámico a dos manzanas del emplazamiento donde se alzaban las Torres Gemelas. La memoria del brutal atentado terrorista contra ellas y la justa reivindicación de las víctimas han llevado a que la simpatía por el proyecto haya cedido ante un prudente distanciamiento. El Presidente Obama no se ha atrevido a pronunciarse con firmeza y, queriendo contentar a todos, no ha gustado a nadie. A veces pienso que el Presidente confunde la moderación y la prudencia con el miedo y la duda.

Del mismo modo, en el plano internacional, nos encontramos con la vacilación en los esfuerzos bélicos, la duda en las iniciativas políticas y el agotamiento de un proyecto que fue tan prometedor en el pasado como ha resultado decepcionante ahora. El Presidente Obama despierta las simpatías del mundo árabe sunní, pero no quiere distanciarse demasiado de Teherán y la Revolución Islámica chií. La Casa Blanca apoya las sanciones contra Irán, pero no quiere ni oír hablar de recurrir a la fuerza para imponer el cumplimiento del Derecho internacional en materia de no proliferación. Al mismo tiempo, quiere que Israel y Palestina se sienten a hablar soslayando que, en el seno de la propia autoridad palestina, hay un enfrentamiento entre los laicos y los islamistas que debilitará toda posición palestina. Mientras Hamás controle política y religiosamente la Franja de Gaza y mientras Hizbolá –un grupo terrorista chií por cierto- imponga su ley en el sur de El Líbano, será difícil avanzar en el proceso.

La pérdida de influencia norteamericana también se va dejando sentir en el Golfo. El viejo pacto entre la Casa de Saud y los Estados Unidos va palideciendo a medida que el mundo ve que los Estados Unidos se retiran de Irak e insisten en hacerlo cuento antes de Afganistán.
Desde Riad a El Cairo muchos se preguntan si Washington sigue siendo el firme aliado de los regímenes laicos y las monarquías árabes o si las potencias regionales como Turquía y, sobre todo, Irán son las apuestas de futuro.

El Presidente Obama ha recordado la importancia del Islam en la Historia de los Estados Unidos y la importancia de la libertad religiosa en la Constitución de los Estados Unidos, un país, bajo Dios, indivisible. Sin embargo, su vacilación a la hora de afrontar sin complejos el desafío del terrorismo islamista –cuyas víctimas son también millones de musulmanes que viven oprimidos- está transmitiendo al mundo un mensaje de debilidad que desgasta a las democracias y menoscaba el liderazgo que los Estados Unidos pretenden tener.

Millones de personas presenciaron con esperanza la entrada del primer Presidente negro en la Casa Blanca. Espero que esas mismas personas no presencien el fin del compromiso estadounidense con la libertad y la democracia allí donde es más necesario.

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