Pedro Cateriano | Viernes 27 de agosto de 2010
Según casi todas las encuestas de opinión, la hija del ex dictador Alberto Fujimori podría convertirse el próximo año, en la primera mujer que llegue a la presidencia de la República del Perú. Keiko Fujimori tiene un sólido veinte por ciento del respaldo ciudadano, aval que le permitiría disputar la jefatura del Estado en una segunda ronda electoral. Hasta ahora ningún candidato cuenta con más del cincuenta por ciento de apoyo, para lograr la victoria en primera vuelta, conforme lo exige la constitución, que logró aprobar su padre para mantenerse en el poder.
Para el significativo porcentaje de peruanos, (entre los que seguramente se encuentran los que se enriquecieron, en ese régimen y financiarían esta aventura electoral) que votaría por la señora Fujimori, lo determinante es reconocer la obra de su progenitor, que libró al Perú del terrorismo y lo sacó del caos económico en el que lo dejó Alan García en 1990. Parece no interesarles los métodos que utilizó, ni sus actos ilícitos para lograr esos objetivos. Para ellos, según parece, el fin justifica los medios y punto. Las múltiples pruebas exhibidas de los delitos cometidos, los vídeos que muestran a su ex asesor Vladimiro Montesinos, sobornando impúdicamente a autoridades, públicas y privadas, de todos los niveles, la repatriación de cientos de millones de dólares dispuesta por jueces y fiscales extranjeros que involucraban a jerarcas de la dictadura, y la violación de los derechos humanos ocurridos durante su gobierno no cuentan. Tampoco se tiene en cuenta, que el mismo Fujimori haya reconocido el ilegal pago de quince millones de dólares a Montesinos, que luego restituyó con billetes distintos y de origen desconocido, ni que aceptara mansamente su participación en el espionaje telefónico con el fin de evitar un juicio público, ni su fuga del Perú y posterior renuncia por fax a la presidencia de la República, o que haya postulado una candidatura al Senado del Japón, para evitar la acción de la justicia.
Irrita a los simpatizantes de Alberto Fujimori, que haya sido condenado por violación de los derechos humanos. Respecto a este sensible tema, hay que destacar que son tres tribunales los que han actuado, en el largo proceso de administración de justicia: la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que sancionó al Estado peruano y ordenó la indagación de los hechos y castigo de los responsables, la Corte Suprema de Chile que autorizó la extradición del autócrata para su juzgamiento, y la Corte Suprema del Perú que lo investigó y condenó. Mayor posibilidad para el ejercicio del derecho a la defensa, es improbable que pueda tener una sola persona.
Desde su cómoda prisión dorada -construida por el gobierno de García- Alberto Fujimori viene trabajando, para que su hija pueda ganar los próximos comicios presidenciales. Debido a la flexibilidad de su encierro carcelario, el ex dictador es en la práctica el verdadero jefe de su campaña electoral. Cuenta con facilidades, para recibir toda clase de visitas, y coordinar reuniones con los dirigentes de su agrupación política. Esta ilegal situación, es tolerada por las autoridades gubernativas, y probablemente, forma parte del entendimiento entre Alan García y los congresistas fujimoristas, que con sus votos lo han apoyado constantemente en el Parlamento, debido a que el partido de gobierno, no tiene una mayoría propia.
Una eventual victoria de la señora Fujimori no lo incomoda a García. Así lo ha reconocido ante la prensa extranjera. De los probables candidatos a la presidencia de la República, tal vez sería la única que le garantice cierta tranquilidad e impunidad. Para él lo peor sería que Alejandro Toledo retorne al poder, lo prueban sus repetidas críticas contra él. Más preocupante podría ser una victoria de Ollanta Humala que, por su caída política parece -hasta ahora- un hecho improbable.
Si el año 2011 Keiko Fujimori gana las elecciones, ella llegará al gobierno, pero su padre al poder, ya que, desde el momento que lo indulte, recobrará su libertad. Ese es el dramático costo que tendrá que pagar el pueblo peruano, si la hija del dictador triunfa. ¿Ocurrirá? No lo podemos descartar. Para evitar esta hipotética situación los sectores democráticos del Perú, tendrán que trabajar denodadamente.
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