Opinión

Mil maneras de maltratar Madrid

Antonio D. Olano | Sábado 28 de agosto de 2010
Durante varios años, puntual y diariamente en varios diarios y publicaciones madrileñas fui fiel a una columna periodística titulada “Paseante en Cortes” .Y, ya se sabe lo que son las fidelidades. Todo lo contrario a un celebrado título teatral- “Se infiel y no mires con quién”, al que fue fidelísimo durante muchos años el magistral Pedro Osinaga.

Tal es mi fidelidad que me llevé la columna, dándole voz a la “Cadena SER”. Pasé de los lectores a los escuchantes (palabra que me gusta más que la de oyentes) y fiel al título continuo.

Me enorgullezco de mis fidelidades, felizmente muchas y no es cuestión. A estas alturas de la prórroga que disfruto de adornarlas con una cornamenta tipo astados de Victorino Martín.

Pero lo que se dice paseantes de los madriles, el título debe recaer en “el relojero de la calle de la Sal”, Angel Manuel García, quién conoce la Villa y Corte y podría describir el empedrado, los malos asfaltados callejeros los baches y los socavones. De la misma manera que determinados alcaldes remuneraban a los cronistas fieles nombrándoles inspectores de alcantarilla (léase a Jiménez Caballero) y otros los designaban cronistas oficiales, Ruiz Gallardón podía crear la orden de los paseantes en cortes.

No es necesario en ser sumiso a los dichos y llevar como lema el célebre “de Madrid al cielo”. Una cosa es el amor, nunca ciego y otra los fanatismos que no conducen a casi nada. Así un clásico escribió estos versos:

De Madrid al cielo
Porque es notorio
Que va al cielo quien sale
Del Purgatorio.

Angel Manuel debiera recopilar sus escritos (Mil maneras de maltratar Madrid), manual que sería un best-¬seller.

Una de ellas, según su parecer, se refiere a los masajes chinos en el céntrico histórico de Madrid. Lean:
“Lo normal es que un ciudadano que decide ser masajista, consiga conocimientos y titulación y se busque un local que atienda a unas exigencias, responda a unas obligaciones de higiene, se someta a un permanente control”.

Después denuncia los “servicios pirata” que actúan en plena calle, si otra higiene que una toalla para todo el personal. Que abusan de la sorpresa de turistas y no turistas…Y, según mi comunicante, a veces se pasan y precisan llamar al “Samur”.

Uno supone que los clientes de tales chinos serán mayormente chinos porque he leído que son los que más se mueven, más vacacionan hasta el punto de haber superado a los japoneses. Ni en vano China es la segunda potencia económica mundial.

Personalmente he de confesar que a mi los chinos me caen bien. Tal vez será por mis confesadas fidelidades. Y uno el fiel a los poemas de Mao..

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