La Real Sociedad estrena traje de Primera división después de tres años que se han hecho eternos para sus aficionados, quienes acudirán a Anoeta en un número cercano a los 25.000 para ver el choque contra el Villarreal.
El público, ávido de espectáculo después de tres años en Segunda División, asistió al encuentro como el que va a una boda, aplaudiendo todo y en un estado rayano al éxtasis, a pesar de que el juego local tuvo escaso acierto en los primeros minutos.
El
Villarreal, con más oficio, hizo aquello que domina, jugar en corto con un fútbol bonito y llevar peligro en la llegadas de
Cazorla y
Capdevila, que pudo marcar ya en un remate poderoso a los siete minutos de juego.
Joseba Llorente fue el encargado de desbloquear los nervios de los realistas, metiéndose en todas las pendencias que había por su zona para desquiciar el rival y sostener moralmente a sus compañeros.
No obstante, el que llevó peligro de verdad fue el "submarino amarillo", que pudo volver a marcar en otro tiro lejano de Marcos Senna que rozó el larguero.
Los donostiarras también tuvieron su opción en el minuto 15, cuando
González González castigó una cesión a
Diego López en el área pequeña, lo que obligó a todos los jugadores del
Villarreal a bloquear la portería para evitar el gol de
Sutil. Instantes después, sería
Mikel González el que abortaría una clara oportunidad de
Rossi.
Los donostiarras volvieron a levantarse y tuvieron antes del descanso la mejor ocasión del partido, tras un saque de esquina en el que
Carlos Martínez se anticipó a toda la defensa castellonense y, con todo a favor, cabeceó fuera.
Mantuvo el buen tono el conjunto local también en un segundo tiempo que empezó con otra oportunidad para mover el marcador, con el hábil
Sutil como protagonista de un acercamiento desbaratado cuando ya se quedaba solo ante
Diego López.
Merecía el gol el equipo vasco y éste llegó tras una excelente y trenzada jugada, con una asistencia de libro de
Joseba Llorente para
Xabi Prieto, quien batió por bajo al guardameta del
Villarreal.
Hasta el final, vendaval de fútbol de los guipuzcoanos, que pudieron ampliar su renta ante un
Villarreal que tampoco bajó los brazos y que mantuvo la ilusión del empate con los chispazos del ecuatoriano
Jefferson Montero.