Opinión

Los extremos de México

Hebe Cue | Martes 31 de agosto de 2010
En los últimos días algunos acontecimientos y una que otra conversación me han hecho pensar en lo diverso y contrastante que puede ser México. Un amigo me comentaba lo impactante que le resultaban las horribles noticias sobre la violencia e inseguridad en que los mexicanos viven. Decía que no se imaginaba cómo sería estar en esa situación, y me preguntaba si yo, al estar tantos años fuera de ahí, ya no recordaba cómo era eso. Pero sí lo recuerdo, aunque ya no lo padezca en mi día a día.

No sé si por querer ser amable, mi amigo comentó que seguramente también habrían varias cosas buenas. Pensé en México y le dije que era un país de extremos. Probablemente haya grises, pero las diferencias son grandes y los contrastes son fácilmente perceptibles, aunque quizá para quienes viven ahí a veces no se noten tanto. Los mexicanos pueden ser personas amables, hospitalarias y divertidas, pero como se puede ver en las noticias que llegan a todas partes desde allí, también pueden ser violentos, indiferentes y crueles. Sin embargo ahí no acaban los ejemplos de extremos. Uno puede caminar por una calle de la Ciudad de México y ver los aparadores de las mejores y más caras marcas de ropa y joyas, o entrar a barrios donde familias viven hacinadas en pequeños pisos de pocos metros, donde los perros sin dueño andan sueltos por la calle buscando comida entre la basura. La diferencia también está en la geografía. Recuerdo haber estado en lo poco que queda de la selva de Chiapas, llena de vegetación, de aves, insectos y muchos otros animales, mientras la humedad se pega al cuerpo y a la ropa. Pero igualmente tengo memoria de un pueblo en el desierto cuyo nombre explica muy bien su situación: Arroyo Seco. En un lugar así todo lo que les queda por hacer a sus habitantes es atrapar víboras de cascabel para comer su carne, y vender los colmillos y pieles que cuelgan de unos delgados postes a la orilla de la carretera.

Sí, México es un país de extremos y no sólo entre un lugar y otro, o entre una persona y otra. En la personalidad y carácter de los mexicanos existen, dentro de cada uno, esos extremos, esos cambios de la risa al llanto, del enfado al reírse de sí mismo. Sí que recuerdo cómo es México y esos extremos siguen siendo parte de mí.

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