Juan Velarde Fuertes | Miércoles 01 de septiembre de 2010
Desde que a finales del siglo XVIII surgió la Revolución Industrial, España ha tenido dos modelos de desarrollo radicalmente diferentes. El primero transcurre de 1850 –inicio del Trienio Liberal, superada ya totalmente la Guerra de la Independencia, las luchas americanas de separación y la I Guerra Carlista y llega a 1959, inicio del Plan de Estabilización. Para eso se desarrolló una política proteccionista creciente respecto al comercio exterior; de moneda ajena a patrones monetarios internacionales; con un sistema fiscal de base real y un complemento de emisión de deuda y de incremento de los impuestos sobre el consumo; y, poco a poco, con un creciente papel del Sector Público en el control del mundo empresarial, al que, casi como compensación, simultánea y crecientemente, se le otorgaban facilidades crediticias. Efectivamente, con esa ruptura respecto al mundo exterior y al mercado se logró un desarrollo de cierto volumen: el PIB por habitante medido en paridad de poder adquisitivo, se multiplicó en todo ese periodo por 2’8. Pero de 1959 a 2010, y a pesar de la violenta crisis económica que nos golpea desde el verano de 2007, el PIB español se multiplica por 6’5. Lo primero se consiguió en 109 años; lo segundo, prácticamente en la mitad de tiempo, en sólo 51.
La política que se había seguido era prácticamente la opuesta que en el periodo anterior: apertura creciente del mercado exterior, al pertenecer a la Unión Europea (UE), y por tanto, no tener barrera alguna con la UE ampliada con restos de la esfumada EFTA, o Asociación Europea de Libre Comercio, a más de los acuerdos especiales de apertura de la UE con toda una amplia serie de países. Y todo ello, como un país más, dentro del ámbito de aperturas sucesivas acordadas en la Organización Mundial de Comercio. La moneda española es el euro, por lo que estamos dentro de un área monetaria a la que pertenece un creciente número de países; el sistema tributario es de base real; el impuesto de consumos ha sido sustituido prácticamente por el comunitario IVA; y a partir de 1959, y sobre todo con el empujón de Aznar-Rato, el modelo avanza hacia el del mercado libre, con supresión de empresas públicas estatales, disminución de intervenciones y repliegue muy amplio de corporativismos.
Esto es lo que motiva que ese proceso, según los datos ofrecidos del PIB español global a precios de mercado en paridad de poder de compra para el año 2009 en el “Informe Anual 2009” del Banco de España, que éste sea la mitad del francés; el 70% del británico o del italiano; el doble del conjunto de Portugal, Irlanda y Grecia, nuestros compañeros en el tan asendereado “grupo de los PIGS”, y algo más que todo el conjunto del Benelux. El tan ponderado crecimiento de esa gigantesca economía que es la de china, aun con el formidable crecimiento que ha tenido, no nos deja demasiado alejados en el PIB total: el nuestro es el 30% del chino que multiplica por más de 20 nuestra población.
Pero he ahí que se observa que los países del Benelux, más Alemania, Gran Bretaña o Francia, en 2010 van a crecer con fuerza, e Italia con cierto desahogo. Sólo España, en ese bloque de países europeos, incluso se prevé por muchos analistas, que va a proseguir el descenso iniciado en 2007, lo que nos lleva ya a niveles del PIB por habitante por debajo del 2006. Da la impresión de que, de seguir así las cosas, todo lo ganado desde 2004, se va a esfumar.
Pero como esto se debe, en lo esencial, a una tremenda pérdida de competitividad, a la que se agrega el estallido de la burbuja inmobiliaria y una seria crisis financiera internacional, surge una situación, al par muy peligrosa para España y de modo derivado, para los países de la eurozona, y aún más allá. Sencillamente se puede explicar así: el Sansón español, aunque se consideraba muy fuerte, se ve asaeteado porque su crecimiento se ha debido sobre todo desde 2003 a 2007, a un fuerte endeudamiento internacional que en 2009 suponía alrededor del 170% del PIB. Los apalancamientos de tan alto nivel de endeudamiento, en unos momentos de freno al interbancario, significan auténticos flechazos del conjunto del sistema financiero globalizado mundial dirigido contra él.
Pero he ahí que este Sansón se había introducido en el templo admirable del Sistema Económico y Monetario europeo, o sea, en el área del euro, y amenaza con derribar ese precioso templo si no consigue liquidez para curar sus heridas. De ahí que el Banco Central Europeo (BCE) se la haya facilitado, tratando de poner la mejor cara posible a algo que no le apetecía. Las prórrogas que anuncia Trichet, casi a la fuerza, de los préstamos que efectúa el BCE al 1% de interés, y que consta que en su mayor porcentaje se dirigen a España, prueban esto. Sobre todo cuando a Alemania pueden molestarle, y se observa cada vez más claramente, que Angela Merkel presiona para que suban los tipos de interés, o sea, para que ese apoyo se frene.
Si se limita ese apoyo, la deuda española y, dentro de ella, la pública, se desmoronaría en los mercados internacionales, y sus tenedores extranjeros experimentarían pérdidas cuantiosas. Sansón, pues, al mismo tiempo que perece, derrumba el templo sobre el mundo, no sólo del euro, sino de muchos otros países. Pero si continúa la ayuda sin serias medidas presupuestarias españolas, que indiquen que el proceso va a finalizar con presteza, eso significa aumentar la oferta de euros, y con ello, el debilitamiento en los mercados de esta moneda. Ello supone, automáticamente, un fortalecimiento del dólar. Y esto, con un colosal déficit comercial norteamericano, que en los doce meses que concluyen en junio de 2010, alcanza la enorme cifra de 592.400 millones de dólares, automáticamente frena la ya difícil recuperación norteamericana, que más de un tropiezo bursátil ha originado en agosto de 2010. Pero un auge del dólar arrastra con él al yuan chino. He ahí que –el otro es el británico, pero fuera del euro nos hemos convertido en una especie de bomba en el mecanismo económico mundial. Por eso, el FMI, el BCE, la UE en pleno, Norteamérica con Obama a la cabeza, parecen decididos a emplear con ese Sansón una política de palo y zanahoria.
Por eso tengo que concluir aquí con lo mismo que señalaban a mediados del pasado mes de julio en “Crónica de Economía. Cuenta y Razón”, al observar que España golpea al euro, el euro al dólar, el dólar al yuan, con mil otras malas consecuencias colaterales: nos encontramos en la escena inmortalizada en el capítulo XVI de la parte I de “Don Quijote de la Mancha”: “Daba el arriero a Sancho, Sancho a la moza, la moza a él, el ventero a la moza, y todos menudeaban con tanta priesa, que no se daban punto de reposo, y fue lo bueno que al ventero se le apagó el candil, y como quedaron a oscuras, dábanse tan sin compasión todos a bulto, que a doquier que ponían la mano, no dejaban cosa sana”. Ponga el lector nombres actuales –el FMI, el BCE, la UE. Estados Unidos... a todos estos así enzarzados pero, lo que es indudable es que la “hidalga Maritornes” es España, pues a ella, como escribió Cervantes, “desgracias y malos sucesos” la habían “traído a aquel estado”.
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