Aún no logro explicarme como he podido resistir, esta mañana, la proyección completa de la pelicula “Machete” (dirigida por Robert Rodríguez), que anoche se presentó en horario nocturno para el público de Venecia. Soportar los cinco primeros minutos de proyección,en los que la sangre te salpica la frente y las cabezas cortadas llegan a volar por el patio de butacas, es toda una prueba de resistencia.
El equipo de la película Machete (Efe)
No voy a ir ahora de seguidora fiel del director con sangre hispana. Sé que su cine tiene una marcada tendencia al “look gore” y que le gusta atravesar los cuerpos de sus personajes a base de ráfagas eternas de
disparos, pero siempre me queda la esperanza de que tenga un día iluminado, se apiade de los espectadores a los que nos gusta un poco la tranquilidad y nos regale, por ejemplo,algo divertido como “Spy Kids” o creativo y original como “Sin City”.
Esta vez no ha sido asi.
“Machete” es una película dura, que entusiasmará a sus seguidores. No me cabe la menor duda porque, al escuchar los aplausos de la prensa acreditada y comprobar cómo le reían las más inimaginables gracias, me he convencido de que Rodríguez cuenta con el beneplácito de una crítica que, para aliviar la ingente cantidad de películas insufribles que les toca ver, necesitan –de vez en cuando- un aire fresco comercial y R.R. es lo que ofrece en cada una de sus propuestas.
Lo mejor de la película es el
reparto y la inclusión, inexplicable por otra parte, del Ave María de Schubert en una de las secuencias de tiroteo atroz. Robert de Niro, Don Johnson, Jessica Alba, Michelle Rodriguez, Lindsay Lohan y Steven Segal son un ejemplo de la capacidad de convocatoria del realizador. Me dejó marcada la interpretación del protagonista, Machete, un ex policía federal mexicano, de rostro imperturbable que no cambia al gesto ni para ejecutar el asesinato más a sangre fría que uno pueda imaginar.
Dos de las actrices que forman parte del reparto de Tokio Blues (Efe)
Ni la artística mirada de
Julian Schnabel sobre Palestina en "Miral" ni la sinfonía emocional escrita por Haruki Murakami en "Tokio Blues" y comprimida para el cine por el vietnamita Anh Hung Tran convencieron hoy en la Mostra de Venecia. Pese a las expectativas o probablemente a causa de ellas, ambas películas decepcionaron en la competición oficial de Venecia, según informa EFE. En el caso del pintor y escultor estadounidense, su error resulta imperdonable en un artista de su dimensión: ha retratado Palestina con brocha gorda. Y en el de la adaptación de
"Tokio Blues" -"Norwegian Wood" en su título original-, era más previsible que el mundo de Murakami, en el que conviven de manera orgánica y discreta la vida, el sexo y la muerte, se diluyera en su traslación en imágenes, una ambición que le quedó grande al realizador de "The scent of green papaya".
La jornada de hoy termina con la proyección de “The Killer”, dirigida por Jon Woo al que La Mostra rendirá homenaje este año, concediéndole el León de Oro por toda una carrera dedicada al cine. Mañana llega
Sofia Coppola y su último trabajo, “Somewhere”. De lo que estamos seguros es que un descanso de disparos, ruido y música a miles de decibelios lo vamos a tener. Esperemos que, con ella, empiece a llegar tambien el buen cine…