No es casualidad que los ciudadanos de la potencia más poderosa del mundo y adalid de la democracia vivan en un clima de constante crispación sociocultural. El mediático proyecto de ley anti inmigración del estado de Arizona, aunque otros territorios ya están redactando propuestas similares, o la polémica en torno a la construcción de una mezquita cerca del lugar que ocuparon las Torres Gemelas antes de ser derribadas el 11S ponen de manifiesto que la 'tierra de las oportunidades' no reluce tanto como parece. El latente racismo, la homofobia, un caótico sistema sanitario o los altísimos índices de delincuencia y violencia cuestionan el entramado de derechos civiles y políticos en Estados Unidos.
Los últimos conflictos sociales que han estallado en Estados Unidos, con la
inmigración y el
islam como telón de fondo, han sacado a relucir la cara menos agradable y cordial de la ciudadanía estadounidense. A pesar de ser la democracia contemporánea más antigua del mundo, con una constitución ejemplar en materia de derechos y libertades individuales, lo cierto es que 'la tierra de las oportunidades', tal y como la denominaron los inmigrantes que llegaban en masa a las costas de Estados Unidos a lo largo de los últimos tres siglos en busca de un futuro esperanzador, adolece de un clima de concordia.
Los últimos dos meses han supuesto un serio toque de atención a los principios democráticos de la primera potencia del mundo ya que dos asuntos de gran calado social han salido a la palestra provocando encendidos debates y un alto grado de crispación. Primero fue el proyecto del estado sureño de Arizona de implementar una ley por la que cualquier individuo podría ser detenido y retenido en caso de que su situación legal en el país estuviera en tela de juicio. A pesar de que la
SB1070, su denominación legal, no salió adelante, son varios los estados que están proyectando textos similares y la polémica está servida en las próximas semanas.
Los inmigrantes latinoamericanos, uno de los capitales humanos más importantes del país, no sólo por la incalculable mano de obra que le suponen a la primera potencia del mundo, sino también por los
nexos históricos que les unen a los Estados Unidos, han puesto el grito en el cielo y han empezado a caer en la cuenta del poder de presión del que disfrutan. Multitudinarias manifestaciones han surgido por todo el país con toda clase de lemas y proclamas anti racistas. Barack Obama, primer presidente de Estados Unidos de raza negra y con antepasados keniatas, se ha posicionado en numerosas ocasiones en contra de este tipo de leyes.
Pero el problema del racismo no es una lacra exclusiva de la inmigración latina. Lo cierto es que los índices de xenofobia siguen siendo alarmantemente altos en muchos estados y otras minorías también están en el punto de mira de grupos de ultraderecha y los conservadores más radicales. Especialmente hiriente es el caso de los ciudadanos de raza negra. No queda tan lejos aquellos años de la segregación racial en determinados territorios del país y que llevó a
Martin Luther King a echarse a las calles para reclamar igualdad de derechos y oportunidades para sus semejantes con aquel mítico 'I had a dream...' que caló como un dardo en el corazón de la nación.
La mezquita de la discordiaEl segundo gran frente sociocultural que tiene en vilo a Estados Unidos es el proyecto de abrir un centro cultural y una mezquita a escasas dos manzanas del solar que ocupaba el World Trade Center antes de que fuera derribado por dos aviones en los atentados del 11S. A día de hoy, decir islam en Norteamérica es sinónimo de terrorismo. Así, a pesar de que la junta del distrito y la comunidad de vecinos han dado su visto bueno, aunque el alcalde Michael Bloomberg ha dado luz verde al proyecto y que el mismísimo Barack Obama se ha posicionado, con matices, en favor del centro religioso, no hay día que pase en que los defensores de una u otra postura se echen a la calle.
Más allá de la conveniencia o no de levantar la mezquita, la controversia deja entrever una cierta islamofobia oculta en la sociedad norteamericana. Fuera de los grandes centros urbanos, el islam no cuenta con una buena fama y no son tan raros los ataques de corte extremista a centros locales.
Los medios echan leña al fuegoAdemás de la crispación social a pie de calle, la batalla por los derechos civiles y su aplicación efectiva se está librando en los medios de comunicación estadounidenses. Las cadenas de televisión y la prensa de todo el país se han posicionado en un bando o en otro con discursos cada día más radicales que se alejan de los estándares democráticos. Presentadores, colaboradores y columnistas de prestigio se prestan a la
crítica fácil y los
descalificativos personales para defender sus posturas. Lejos de contribuir a un diálogo y a un acercamiento entre ambas 'trincheras', los medios de comunicación están incendiando aún más si cabe el debate desde los púlpitos privilegiados que les suponen los medios.
Pero, a pesar de este clima de conflictividad, cada vez son más las voces que apremian a los dirigentes políticos y a la ciudadanía estadounidense para que suavicen sus discursos y se vuelva a imponer la cordura en un asunto de tanta importancia como este. Los derechos civiles son, en gran medida, la base de un estado de derecho y una democracia moderna y el respeto y la correcta aplicación de los mismos contribuirían a rescatar los viejos principios recogidos en la
Constitución de 1787 y promulgados por los padres fundadores.