Miércoles 08 de septiembre de 2010
El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, ha anunciado un plan de inversión de 50.000 millones de dólares (unos 38.800 millones de euros) en infraestructuras con el objetivo económico de crear nuevos empleos. Asimismo, su decisión aspira a descartar una recaída en la recesión y acelerar el crecimiento de la primera economía del mundo. Aplicando la tesis keynesiana, Obama plantea una estrategia diferente a la política de austeridad promovida por las autoridades europeas, alarmadas por el déficit público.
La decisión contempla también un objetivo político cara a las legislativas del próximo mes de noviembre. Las últimas medidas del presidente intentan cambiar el pronóstico electoral que anticipa una grave derrota demócrata, tanto que se postula la posibilidad incluso de que el Partido Republicano recupere el control tanto del Senado como de la Cámara de Representantes. Por eso, Obama intenta invertir la corriente y mostrar unos progresos en la economía que, actualmente, parecen difíciles. Las elecciones representan un gran desafío para Obama y, pese a no ser unas presidenciales, se les atribuirá el valor político de un “referéndum” sobre el desempeño del mandatario.
Concretamente, Obama es consciente de que una tasa de paro en torno al 10% representa un dato políticamente “inmanejable”: por lo tanto, espera que la medida sirva, a corto y medio plazo, para crear empleo y recuperar parte de su popularidad, en constante caída. Ante la inquietud económica dominante, el presidente intenta mostrar que propone iniciativas para solucionar (casi sería más oportuno afirmar “aliviar”) la crisis. Frente a un escenario de bajo crecimiento, Obama apuesta por la inversión pública para superar la crisis, buscando la manera de impulsar el crecimiento.
El presidente norteamericano espera que esta nueva inversión en la modernización de infraestructuras sirva para acelerar el lentísimo ritmo de recuperación de la economía norteamericana y, sobre todo, favorecer la creación de puestos de trabajo. Sin embargo, para conseguir estos objetivos, Obama deberá anunciar nuevas medidas (como una rebaja fiscal a las empresas que crean empleo o invierten en proyectos de investigación).
En la actualidad, el gran problema para Obama no es la guerra de Irak o la de Afganistán, ni tampoco el conflicto arabo-israelí o la posible amenaza iraní. No, su verdadera pesadilla es el empleo. Desde su toma de posesión de la Casa Blanca, el actual presidente no ha conseguido reducir el desempleo y los posibles éxitos o fracasos en política exterior, poco importan. Los datos decepcionantes sobre el crecimiento económico y la alta tasa de desempleo exigen a Obama una reacción, la aprobación de medidas eficaces en política económica, unas reformas capaces de estimular la coyuntura en el país. La recuperación de la economía estadounidense representa una conditio sine que no para salir de la crisis internacional y una necesidad para todo el mundo.
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