Aurora Nacarino-Brabo | Miércoles 08 de septiembre de 2010
A estas alturas, el anuncio de un nuevo alto el fuego por parte de la banda terrorista (no “movimiento de liberación”) ETA, debería ser recibido sin ambages políticos con toda la sorna que admite un asunto tan espinoso. Parece coherente exigir que todos los partidos hagan una lectura en la que quede desacreditada cualquier declaración de la organización que no conlleve un armisticio definitivo e irreversible.
Por este motivo, resulta sonrojante, para el español medio y ultrajante para nuestro estado de derecho, la obscenidad con la que el principal partido de la oposición canaliza cada comunicado etarra con el único propósito de desestabilizar el gobierno y propiciar la convocatoria de elecciones. Rajoy nunca estuvo tan cerca como hoy de alcanzar la presidencia, pero en Génova no las tienen todas consigo, ¿y si la crisis se revirtiera de aquí a 2012 y el PSOE revalidara su triunfo en las generales? Este riesgo revolotea como una mariposa en los estómagos populares, incapaces de asumir semejante examen democrático. A esta estrategia responden las declaraciones del clarividente Mayor Oreja (menudo papelón), que lleva meses intentando convencernos de que Zapatero y ETA son aliados potenciales, partes interesadas de una misma empresa, imposible de llevar a cabo sin la comunión de ambos.
Es sorprendente que la nueva tregua de ETA haya copado de manera tan desproporcionada y excesiva las primeras páginas de los diarios, habida cuenta de la ausencia de novedad y certidumbre que ofrece la información. Sin embargo, lo más llamativo es encontrarse con análisis y encuestas que tratan de sondear hasta qué punto se ve beneficiado Zapatero con este anuncio, abordando la cuestión como si se tratara de un favor personal con el que los terroristas quieren lisonjear al presidente. Lo que no queda tan claro ya es la motivación de tal agasajo. ¿Será porque bajo este gobierno se han practicado más detenciones de etarras que nunca? ¿Por el asfixiante acoso policial constante a la banda? ¿Por la eficacia encomiable de la colaboración con Francia? ¿Porque, en definitiva, ETA es hoy más débil que nunca? Admitan que resulta de una lógica ignota.
Por otro lado, en el PP temen que Zapatero pueda anotarse el tanto populista de presidir el Gobierno con el que se vio morir a ETA. Por eso prefieren que la cuestión se enquiste y perpetúe, al menos hasta que ellos ocupen La Moncloa. Y mientras tanto, tratan de establecer un nuevo giro copernicano por el cual, cuanto más se aproxima el fin del terrorismo, mayor constancia debe quedar de la complicidad satánica del presidente. Si el Gobierno no logra la rendición de ETA, mal; y si lo hace, peor. Así, la moraleja se revela incontestable: Zapatero, date por jodido.
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