Viernes 10 de septiembre de 2010
Durante una entrevista a un medio estadounidense, el ex presidente cubano Fidel Castro afirmó que el modelo económico cubano no se puede exportar porque “no funciona ni en la Isla”. Las palabras de Castro sorprenden no tanto por su realismo sino porque representan un primer acto de asunción de responsabilidad y admisión de errores después de 50 años al mando de Cuba.
No obstante, de momento, nada ha cambiado en Cuba. Pese a que sigue encarnando un personaje del pasado, “una caricatura de su propio fantasma”, Fidel Castro está mostrando una nueva actitud, que, aunque más critica, podría ser tan solo un intento de “reinventarse”, una manera tardía de renovarse. Sin embargo, el líder cubano debería continuar con ese primer paso e iniciar una seria etapa de autocrítica y corrección de errores, asumiendo que el modelo cubano ya no da más de sí –la verdad es que nunca lo ha hecho- y abogando por el cambio. El país no puede sobrevivir con indicadores económicos de tercer mundo, ni estrangularse entre el ego del dictdor perpetuo y una más que discutible aplicación del socialismo que, en realidad, ha consistido en producir y repartir una miseria creciente.
Tras este reconocimiento, ya es hora que el país ponga en marcha las reformas necesarias para estimular la obsoleta economía cubana, con la esperanza que de la apertura económica se derive un sendero hacia la libertad y la democracia: es evidente que en la isla ya prácticamente no hay más margen de maniobra ni más tiempo para dilatar las reformas. Cuba y los cubanos anhelan un cambio político que conlleve la instauración de la democracia, el establecimiento de la libertad de expresión y de prensa (el diario oficial Granma y los otros periódicos locales han omitido la frase crítica sobre el modelo cubano), el respeto de los Derechos Humanos en tantas ocasiones vulnerados.
Finalmente, Raúl Castro, incapaz de ser un “caronte” de un nuevo ciclo político, debería desmarcarse de los errores del pasado y empujar la escena política cubana hacia un nuevo curso. El agónico final de Fidel Castro sigue arrastrando a su pueblo a más sufrimiento y a una miseria mucho mayor de la actualmente existente. Por eso Cuba pide cambios ya. Además, cabe la esperanza de que estas palabras puedan llegar a los sordos oídos del caudillo venezolano y animarle a desistir de un camino ya recorrido y equivocado. Quizás Fidel empiece a temer que “la historia no lo absolverá”.
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