sexta reelección
Viernes 10 de septiembre de 2010
El presidente tunecino Zine el Abidine Ben Ali ha puesto ya en marcha la campaña propagandista electoral para beneficiarse de un sexto mandato en la jefatura del Estado. Diez meses después de las últimas elecciones de 2009, y por lo tanto cuatro años antes de expirar mandato, la prensa oficial comienza a publicar "llamamientos populares" para que el ocupante del Palacio de Cartago se presente por enésima vez.
La precampaña comenzó con un manifiesto firmado por 65 personalidades tunecinas, todas ellas afines al partido en el poder, el Reagrupamiento Constitucional Democrático, en el que pedían a Ben Ali representarse para los comicios de 2014. Antes de que la sorpresa de la demanda provocase reacciones incontroladas, se convirtió en el "llamamiento de los mil", firmado por una mayoría de altos funcionarios de la administración del Estado, de líderes de opinión, de dirigentes de organizaciones sociales y de personalidades políticas y sindicales.
Esta semana ha sido el turno de los dirigentes del sector económico, bancos, sociedades de seguros, holdings financieros, de proclamar a su vez un ruego público para la reelección de Ben Ali.
El semanario de informaciones extratégicas TTU (siglas en francés de Muy, Muy, Urgente) publicado en París, conocido por su exahustivo seguimiento de la problemática de los paises árabes, afirma en su última edicion que "estos llamamientos no tienen nada de espontáneos", y hace notar "lo extraño del timing", ya que se produce cuando aún queda un cuatrienio de andadura presidencial.
Las cancillerías occidentales que siguen con preocupación la evolución política de Túnez y la tendencia monopolista para acaparar todas las riendas del poder por parte del actual presidente y su familia, estiman que la premura de los llamamientos obedece a una verdadera "hoja de ruta" cara a la sucesión.
El presidente, que por el momento sólo es "solicitado", deberá en primer lugar hacer pública su aceptación. En una segunda etapa, deberá procederse a una revisión constitucional para permitir al candidato superar el escollo de la edad. La actual Carta Magna tunecina no permite ninguna candidatura a la Jefatura del Estado para edades de 75 años y más. Ben Ali cumplirá en 2014 los 78 años. Una vez enmendada la Constitución, el Parlamento deberá aprobarla. Aunque sea mero trámite, el procedimiento es obligatorio. Como última fase de la "hoja de ruta" preelectoral, deberá organizarse un Referéndum en torno al 2012.
Los círculos diplomáticos europeos en la capital tunecina ven en este proceso una andadura hacia la institución de la presidencia de por vida, lo que además de chocar de frente con las más simples normas democráticas, es generador de un profundo malestar político y social que puede desestabilizar las bases mismas del Estado. Zine el Abidine Ben Ali se presenta a sí mismo, y en ello es loado por su corte, como defensor de las instituciones republicanas "frente al peligro islamista". Para ello ha creado potentes lobbys en Francia y en Estados Unidos dispuestos a vender su imagen ante gobiernos que se ven obligados a defender los derechos humanos y las libertades democráticas en entredicho en la República tunecina de hoy. "El apoyo de Occidente a Ben Akli tiene límites", afirman. La oposición tunecina en el país y en el exilio es unánime en decir que estos límites ya han sido sobrepasados ampliamente.
Existe además otra lectura de la posible reelección de Ben Ali a la presidencia. En caso de realizarse su mandato iría de 2014 a 2019. Y para entonces su hijo Mohamed Zine el Abidine tendrá 14 años, lo que facilitaría alguna astucia institucional para nombrarle sucesor. Un enésimo cambio de la Constitución haría del heredero familiar el también heredero del poder presidencial. Dada su minoría de edad, la madre Leila Tranbelsi Ben Ali se convertiría de facto en "regenta" en espera de la mayoría de edad del sucesor que bien podría definirse cumplidos los 16 años.
Ben Ali aspira de este modo a emular al rey de Marruecos Mohamed VI que prepara activamente a su hijo Mulay el Hassan, actualmente de siete años de edad, para acceder al trono de los Alauitas. Con la diferencia de que Marruecos es una monarquía legal y legítima y la actual Constitución prevé la sucesión al trono por el primogénito del Rey a partir de los 16 años cumplidos; mientras que Túnez es hasta ahora una república democrática en la que el Jefe del Estado debe ser elegido en las urnas.
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