Opinión

El PNV pide su precio y muestra sus poderes

Lunes 13 de septiembre de 2010
A diferencia de los sindicatos, que optan por los días lectivos para lanzar sus soflamas -la ociosidad es una de las múltiples ventajas que comporta ser liberado sindical-, los nacionalistas vascos suelen elegir el domingo para sus actos públicos. Así, ayer, Iñigo Urkullu desgranaba una por una sus exigencias de cara a un eventual apoyo a Zapatero en los Presupuestos Generales del Estado. Y lo hacía con la libertad que le confiere el saberse intocable. Efectivamente, el PSOE no puede atacar a quien es su única tabla de náufrago para salvar la votación presupuestaria. Esto último es también aplicable al PSE; por más que le cueste, ha de medir sus palabras para no torpedear la negociación con su único aliado viable en el Hemiciclo.


Por eso, Urkullu puede permitirse el lujo de expresarse sin ambages y mostrar las verdaderas intenciones del PNV; rupturismo en estado puro. Empezando por quebrar algo tan básico como la caja de la Seguridad Social, argumento éste que ya han tildado de irrenunciable. Al menos en esta ocasión, lo que no puede echarse en cara al PNV es esa ambigüedad de la que suele hacer gala en materia de terrorismo; ahora ha hablado claro de verdad. Le toca mover al Gobierno. Y corresponde a José Luis Rodríguez Zapatero llevar a cabo un ejercicio de responsabilidad política ante el nuevo ataque al Estado de Derecho que pretenden llevar a cabo los nacionalistas. Si el peaje por aprobar los Presupuestos es vulnerar la legalidad constitucional, el Gobierno debe plantarse, y no prorrogar la legislatura a cualquier precio. Ya está bien de tanto chantaje.

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