Opinión

Paco Marsó, personaje controvertido

Juan José Alonso Millán | Lunes 13 de septiembre de 2010
El primero de junio de 1971 se inauguraba en la calle Orense de Madrid un local denominado LA FONTANA, restaurante, discoteca y café-teatro. Vicente Embuena uno de sus dueños, me encargó a la sazón la parte artística y se estrenó CANTANDO SE ENTIENDE LA GENTE con música de García Segura telones de Manuel Sumers y texto de un servidor. Aquello duró diez años. Por allí pasaron: Licia Calderón, Marisol Ayuso, Diana Loris, Mirta Miler, Bárbara Rey, Rosa Valentí, Ángeles Ortega y actores como: Cervino, Cortés, Garrido, Madrid, Guerrero, Paco Marsó y muchos más… En aquel tiempo la SGAE no consideraba la calle Orense como Madrid. No se había construido el Corte Inglés de la Castellana y se rumoreaba que en esa zona, se iba a levantar el nuevo teatro de la ópera. La zona norte estaba en manos de Reizabal. Un buen día, se presentó en busca de curro, un jovencísimo actor: Paco Marsó, alto, guapo y muy simpático que había trabajado a las órdenes de Marsillach en el Español. Debutó y lo hizo muy bien. Buen compañero y excelente persona. Por entonces tuvo una hija con una señorita que no era de la profesión. Por lo que puedo asegurar Paco jamás tuvo que ver con ninguna actriz, con la excepción de la que fue su mujer y el amor de su vida: la gran Concha Velasco. Vicente Embuena tenía un socio, Ángel Yague, nada que ver con el rumbo artístico, un caballero y una de las mejores personas que he conocido. La Fontana le trajo inmensa suerte de ganar mucha pasta y conocer a la bellísima actriz Diana Loris, con la que se casó y no se han separado desde hace cuarenta años. Son felices rodeados de amigos y portándose como dios manda con todo el mundo, a pesar de no soportar el teatro. Paco Marsó y Ángel Yague se hicieron amigos y este amancebamiento duró muchos años.

José Luis Dibildos rueda una película y pilla algunos numerosos musicales de La Fontana. Concha Velasco los interpreta para el cine. Bailando un tango con Paco -ya saben lo que es el tango- comenzaron el idilio. Se casaron y comieron perdices, al tiempo que tenían dos hijos: Paco y Manuel. He sido testigo del amor y la felicidad de ambos durante muchos, muchos años. En la ventura de Concha en este tiempo, algo habrá tenido que ver Paco Marsó, puesto que nadie ignora que la Velasco es una señora importante y sin un pelo de idiota. Igualmente ocurre con sus tres hijos, que adoran a Paco.

Lógicamente Paco, al convertirse en pareja de Concha, su vida tenía que cambiar. De actor de La Fontana pasó a realizar su sueño: ser productor-empresario teatral. No recuerdo en este país a un señor privado y sin tener un local, que se haya hecho rico produciendo funciones sin ayuda estatal. Paco en colaboración con su mujer y otras sin ella, se dedica a empresario desde hace veinticinco años. Unas veces las cosas han salido bien y otras no tanto como a todo el mundo. Concha reconoció que su marido era un gran productor. Ha trabajado como un enano, para montar las producciones más costosas del teatro privado: HELLO DOLLY, CARMEN CARMEN, LA TRUHANA, LA ROSA TATUADA… ha montado a Nieva, Mihura, Mendizabal, Arrabal y a algunos autores españoles vivos, menos a mí. Generoso con los montajes no escatimaba un duro en la producción. Pródigo con el salario de los cómicos, escenográfos y directores. El que crea que en este oficio, el empresario es un señor gordo que no da palo al agua y fuma puros está en un completo error. Fundó una editorial para publicar los textos de teatro, ya saben, eso que da dinero. Es decir, la vida de Paco ha estado ligada a Talía. Me dicen, que en la actualidad está preparando una obra sobre Miguel Hernández. Seguro que será un derroche de medios y contratará a las figuras que se dejen.

Hace bastante tiempo que no veo a Paco y lo siento. Le debo muchos buenos ratos pasados juntos. Sobre todo cenando y alargando la noche hasta donde se podía. Algunos del mundo del teatro, no nos hemos resignado a irnos a casa al cerrarse los cafés. La nocturnidad siempre tuvo mala fama. “Conducta desordenada”, se llamaba antes, cuando se hacían las mismas cosas por la noche, que por el día. Paco y unos cuantos hemos buscado la complicidad nocturna, para seguir hablando de teatro. Al teatro no le puedes quitar la noche o se convierte en algo de funcionarios, que esperan que suene el teléfono para trabajar en una serie televisiva. Hablando de televisión, me comentan que Paco sale mucho como personaje “freaky”. No puedo opinar, porque desde que abandoné mi trabajo en la tele de Valerio Lazarov, no he vuelto a ver TELES, y del resto de cadenas, paso. Por lo tanto, el trabajo de la telebasura no me hará cambiar la opinión que tengo de este gran profesional y no olvido un tiempo de juventud, que buscábamos la luz de la noche, para seguir hablando de lo mal que iba el teatro.

TEMAS RELACIONADOS: