el presidente de los médicos repasa la situación del sistema sanitario español
Viernes 17 de septiembre de 2010
El presidente de la Organización Médica Colegial, el doctor Juan José Rodríguez Sendín, ha señalado a EL IMPARCIAL que el copago, como medida para solucionar el gasto excesivo que hay en materia sanitaria, “puede generar tantos problemas que yo no lo tengo claro, como profesional asistencial, no lo veo”. Además, ha achacado a los intereses partidistas que no se llegue a un Pacto de Estado por la Sanidad.
¿Cuál cree que es la situación actual del Sistema Nacional de Salud? ¿Cuál es su riesgo principal?
Creo que nuestro SNS debería ser más noticia por sus bondades, porque, a pesar de que hay cosas que corregir y derivas que hay que evitar y revisar, es un gran sistema, ya que nos da a los españoles muchas garantías. Imagínese si no nos diera esas garantías en plena crisis económica con cuatro millones y medio de parados.
Lo que ha ocurrido es que ha tenido una expansión excesiva y empezó a gastar más de lo que es capaz de mantener. Nadie pudo presuponer hasta donde iba a permitir el crecimiento económico esa expansión y nos encontramos con un incremento del gasto por encima de lo que podemos.
Entonces, ¿cómo hacemos sostenible el Sistema Nacional de Salud?
Ahora hay que intentar ajustar y no gastar más de lo que tenemos y si nos hemos pasado en la oferta –y mucha de cara a la galería–, pues probablemente haya que revertir esa situación manteniendo lo fundamental, precisamente, lo que lo hace un gran sistema de salud. Sólo hay que saber, con lo que tenemos, lo que podemos abordar. A esto se denomina sostenibilidad.
No podemos seguir creciendo e incrementando lo que gastamos en el sistema si no se puede gastar, pero el hecho de que no podamos seguir creciendo no quiere decir que nuestro sistema vaya a empeorar. La cosa es que los que crean nuevas expectativas o introducen nuevos crecimientos con una expansión de la oferta asistencial, a veces poco justificada, o ver cuáles son los puntos negros en los que podemos reconducir los gastos, es algo que corresponde al que lo gestiona.
Para esto de la sostenibilidad, ¿son un problema las transferencias en materia de Sanidad?
No, esa es otra ventaja de nuestro sistema, que tenemos 17 sistemas y gracias a las transferencias las comunidades pobres han podido ponerse a un nivel de igualdad muchísimo mayor que cuando la sanidad estaba centralizada.
Pero esto también conlleva una serie de peligros, como que en cuestiones de interés general, de la ordenación profesional, de salud pública, de vacunas o de las listas de espera no nos pongamos de acuerdo. Esto es lo que nos preocupa, esa descoordinación general que podría solucionarse, sin perder la autonomía, dándole a alguien la capacidad de ordenar esos denominadores en común.
No echamos la culpa a las transferencias, echamos la culpa a la capacidad para ponernos de acuerdo.
¿Qué posibilidades hay de que se cierre definitivamente un Pacto por la Salud?
Es un elemento clave. Desde la OMC no hacemos más que insistir en los elementos de aproximación, porque luego no hay tantas diferencias. Es necesario que los que gestionan se pongan de acuerdo para que tanto en los aciertos como los errores no intervenga la penalización política.
El motivo por el que no se llega a ese pacto es que los intereses que establece la política de partido a diario, las confrontaciones que se mantienen y las discrepancias en un mundo tan convulso no lo permiten. También porque algún partido utilice la salud para marcar diferencias y tirarnos las piedras, y para decir que lo hago mejor que tu, o que gasto menos que tu o para competir.
Por eso, no hay un pacto por la Sanidad por los intereses partidistas y cuando superemos esa barrera del debate político partidario, interesado, haremos un gran avance.
¿Cree que el copago es una medida adecuada para contener el gasto sanitario?
Lo primero que habría que hacer es definir qué es exactamente es un copago, porque es una palabra que significa muchas cosas con la que además se quieren solucionar muchos problemas también diferentes. Por eso, cuando los médicos hablamos de copago entendemos que es el hecho de pedir una pequeña cantidad de dinero a la hora de solicitar atención médica, tanto en primaria como en urgencias, pero esto vemos que tiene muchísimos problemas.
Lo primero que hay que decir es que la costumbre en nuestro país, donde desde hace muchos años hemos hecho marca de la gratuidad y la universalidad, es la de no pagar. Ahora, de pronto, nos dicen que a lo mejor hay que pagar por determinados servicios. En este sentido, hay que ver que si se le pone precio a cosas inútiles, habría que definir qué entendemos por cosas inútiles y retirarlas. Por otra parte, si se le pone precio a cosas que son útiles, puede provocar un control excesivo en aquellas personas que lo necesitan.
Es un ejemplo el de las personas mayores que tienen mucho cuidado en no gastar un euro más de la cuenta. Por otra parte, sería discriminatorio porque aquellas personas a las que les sobra el dinero podrían ir a determinadas consultas aunque no lo necesiten. Además, la persona que paga, a partir de ese momento, puede exigir inmediatez.
Así, no sabemos si esto se podría evitar poniendo esta tasa de uso, porque puede generar tantos problemas que yo no lo tengo claro, personalmente, como profesional asistencial, no lo veo.
Además, al poner esto en marcha, el que determina quien cobra o no cobra, quien llega o no llega es el profesional que atiende, por lo que habrá que tener un sistema de administración que lo mismo nos sale más caro. Y luego también, lo recaudado sería tan irrisorio que no valdría para pagar nada. Si queremos implantar un copago de coste real, es decir, pagar por lo que cuesta realmente la intervención, habría que cambiar todo el sistema.
Entonces, ¿no cree que el copago sea una solución?
El copago yo no lo acabo de ver, creo que es una salida que se ha tomado por la crisis. Además, si estamos buscando razones para controlar la demanda, hagámoslo en época de bonanza, no cuando hay más de cuatro millones de personas que se encuentran con sus posibilidades económicas muy limitadas, no me parece el momento más apropiado.
Otro de los problemas es que tampoco se ha puesto ningún tipo de medida para controlar la demanda. Si la demanda no es correcta, no le pongamos precio a lo que hacemos mal, intentemos corregirlo. Si la gente tiene barra libre 24 horas al día y nadie se ha atrevido, o no ha querido, o, al contrario, se ha incentivado no limitar estos excesos, tendríamos que pensar de qué manera, con otro tipo de fórmulas, podemos controlar esa demanda excesiva.
Pero desde la OMC no nos negamos a debatir. Puede ser que se nos presente una fórmula de copago que sea muy buena, no nos oponemos.
¿Y al respecto de la prescripción de medicamentos genéricos?
El médico tiene que darle a su paciente lo mejor, lo que necesite para cuidar su salud y reponerle o para que lleve mejor la enfermedad que tiene. Esto es obligación primera del médico, pero a continuación –digo a continuación– como los recursos son finitos, hay que buscar, dentro de lo mejor, lo que mejor precio tiene. Esto es condición para poder seguir atendiendo a los pacientes que están por venir.
Es decir, hay dos obligaciones éticas, una dar lo mejor, y en segundo lugar dar lo mejor al mejor precio.
Todos los medicamentos pasan las mismas inspecciones, luego si hay uno a mejor precio el médico decidirá en conciencia cuál es el que ofrecerá.
¿Esto puede ser una solución? Pues sí, ordenar el gasto farmacéutico es una necesidad, porque no podemos tener un crecimiento por encima de nuestras posibilidades.
De forma que sí, puede ser una medida útil que racionalice y que sea pactada por diferentes agentes, pero tampoco que sean medidas convulsas, que surjan de repente para alborotar todo el sistema.
¿Cómo cree que pueden afectar el recorte de salarios a los profesionales al sistema sanitario?
Mal, es un precedente que no había ocurrido nunca. Tiene necesariamente que sentar mal, pero una vez dicho esto, pedimos que se recorte de forma proporcional y ponderada. No queremos que una comunidad autónoma tenga unos recortes distintos que en otra.
Se recibe mal, pero lo que no puede servir en ningún caso es de justificación para que se pierdan las garantías que ofrecemos en la atención a los pacientes. Eso no va a pasar, del mismo modo que no hacemos conflictos laborales que hacen otros colectivos.
Esta profesión es como es y tiene asegurados los principios que tiene, pero eso no quiere decir que nos haya sentado mal el hecho de que nos recorten un 5 ó un 6 por ciento el salario, que no es que nos quejemos de nuestros sueldos, pero que tampoco son los más elevados del mercado. Sobre todo si le sumas la presión fiscal, no entendemos de ninguna manera que el trabajo de los médicos, de los enfermeros o de los sanitarios sea penalizado de una forma tan alta como se hace con las rentas más altas.
Sobre la objeción de conciencia, ¿cómo marcha la confección de esas famosas listas de objetores?
Nosotros no hacemos listas de objetores. Lo que hemos propuesto es que los colegios de Médicos hagan su registro de objetores, no un listado. El registro consiste en que un médico solicita voluntariamente ser registrado (esto significa que queda bajo la custodia de un colegio) a lo que el facultativo objeta.
Ahora está más de moda la objeción al aborto, pero los médicos tienen muchos más campos que no mueven tanto la conciencia, pero al que le afecta le afecta, como la alimentación a los presos de forma obligada, la muerte digna, la retirada de alimentación, la atención a cierto tipo de creencia religiosa, reproducción asistida, todo lo relacionado con la genómica…
De esta forma, en el registro, el médico decide voluntariamente, incluso antes de tener el conflicto, ir a su colegio a manifestar que quiere objetar, de qué manera y a qué. Esto conlleva dos efectos inmediatos: el Colegio se responsabiliza de admitir o aconsejarle que es o no es adecuada su objeción (no podemos decir que la objeción no tiene límites, está acotada), es decir, lo que se busca es que el registro tenga un control de calidad para decirle al médico lo que procede o no procede en función de lo que las comisiones deontológicas consideran.
Por otra parte, si un día, ante un conflicto, ese médico precisara un certificado de que estaba registrada su objeción para presentar ante un juez, el Colegio de Médicos le extendería ese documento con la certificación de que la objeción estaba hecha desde determinada fecha y de que el Colegio se la había admitido.
En definitiva, se trata de ordenar la profesión. Pero no tiene nada que ver con que un profesional le tenga que decir a su jefe de servicio que objeta ante una determinada obligación que tiene mañana, ni con la publicación de listas. Es más, ni la comisión deontológica debe conocer quién es el objetor del Colegio.
No sé por qué se ha asimilado registros con listados, porque no tiene nada que ver. La justificación de que necesitamos hacer esto es que si no está claro qué es y qué se puede hacer, necesitamos que se ordene. Porque la objeción de conciencia es un conflicto de valores personales que es absolutamente imprescindible para ejercer esta profesión. Si terminamos con la conciencia de los médicos y con los valores, esta profesión será otra cosa y dejará de ser la profesión que ha sido.
Lo precisamos como el respirar, la profesión médica sin conciencia y sin valores no es medicina.
Sobre la Ley Antitabaco, ¿es excesivo los límites a los que se está llegado de prohibirlo, incluso, en el coche cuando viajamos con niños?
Los médicos lo único que podemos decir es que cuando se trata de tabaco lo tratamos como se tratan otros productos tóxicos como la droga. Somos médicos y sabemos que la contaminación por tabaco produce muerte (algunos podrán decir que no lo saben, pero los médicos lo sabemos), por lo tanto, no nos parece muy ético que un médico, sabiendo esto, fume delante de sus hijos o bien delante de ciudadanos y no puede, de la misma forma, dejar hacer algo que sabe que es malo para la salud de sus pacientes.
Por tanto, cualquier fórmula que limite algo que hace un daño tremendo y genera muerte, los médicos no es que estemos de acuerdo, es que lo tenemos que compartir. No hay razones económicas ni políticas ni de ningún tipo que, para un médico ni para cualquier otra persona, estén por encima de la salud.
Al respecto de lo que ha hecho el Gobierno vasco de prohibir fumar en el coche delante de los hijos, creo que apuntan bien. Fumar delante de un hijo, por mucha libertad que uno tenga, será libertad para uno mismo, pero no para el pequeño.
No queremos demonizar a nadie, pero creo que la sociedad debe avanzar en limitar los consumos de tóxicos que hacen tanto daño.
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