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Vargas Llosa renuncia a la presidencia de "Lugar de la Memoria" de Perú

polémica en Perú

Miércoles 15 de septiembre de 2010
El presidente de Perú, Alan García, ha iniciado este miércoles los últimos diez meses de su Gobierno con la instalación de un nuevo gabinete de ministros y la derogatoria de un decreto que generó una ola de críticas por estar vinculado con procesos a militares y policías por violaciones a los derechos humanos. En medio de una andanada de críticas, ya que la mayoría de los casos que se investigan se produjeron entre 1980 y el 2000, el Gobierno recibió este martes la renuncia del escritor Mario Vargas Llosa a presidir la comisión encargada de construir el Lugar de la Memoria, un recinto en homenaje a las víctimas de la guerra interna.

Horas después, el Ejecutivo envió al Congreso de la República un pedido para que la ley fuera derogada "con carácter de urgencia". Y finalmente, el Parlamento aceptó la derogatoria con 90 votos a favor y uno en contra, del legislador y primer vicepresidente peruano, Luis Giampietri, un vicealmirante en retiro acusado de estar implicado en la matanza de presos por terrorismo en el penal de El Frontón en 1986, durante el primer gobierno de García.

Por su interés, reproducimos a continuación la renuncia de Mario Vargas Llosa.


París, 13 de setiembre de 2010



Excmo. Señor Dr. Alan García Pérez
Presidente del Perú
Lima


Señor Presidente:
Por la presente le hago llegar mi renuncia irrevocable a la Comisión Encargada del Lugar de la Memoria cuya Presidencia tuvo usted a bien confiarme y que acepté convencido de que su gobierno estaba decidido a continuar el perfeccionamiento de la democracia peruana tan dañada por los crímenes y robos de la dictadura de Fujimori y Montesinos.

La razón de mi renuncia es el reciente Decreto Legislativo 1097 que, a todas luces, constituye una amnistía apenas disfrazada para beneficiar a buen número de personas vinculadas a la dictadura y condenadas o procesadas por crímenes contra los derechos humanos -asesinatos, torturas y desapariciones-, entre ellos al propio exdictador y su brazo derecho. La medida ha indignado a todos los sectores democráticos del país y a la opinión pública internacional, como lo muestran los pronunciamientos del Relator de la ONU, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la Conferencia Episcopal, la Defensoría del Pueblo y representantes de numerosas organizaciones sociales y políticas, entre ellos algunos congresistas apristas. Coincido plenamente con estas protestas.


Hay, a mi juicio, una incompatibilidad esencial entre, por una parte, auspiciar la erección de un monumento en homenaje a las víctimas de la violencia que desencadenó el terrorismo de Sendero Luminoso a partir de 1980 y, de otra, abrir mediante una triquiñuela jurídica la puerta falsa de las cárceles a quienes, en el marco de esa funesta rebelión de fanáticos, cometieron también delitos horrendos y contribuyeron a sembrar de odio, sangre y sufrimiento a la sociedad peruana.

Ignoro qué presiones de los sectores militares que medraron con la dictadura y no se resignan a la democracia, o qué consideraciones de menuda política electoral lo han llevado a usted a amparar una iniciativa que sólo va a traer desprestigio a su gobierno y dar razón a quienes lo acusan de haber pactado en secreto una colaboración estrecha con los mismos fujimoristas que lo exiliaron y persiguieron durante ocho años. En todo caso, lo ocurrido es una verdadera desgracia que va a resucitar la división y el encono político en el país, precisamente en un periodo excepcionalmente benéfico para el desarrollo y durante un proceso electoral que debería servir más bien para reforzar nuestra legalidad y nuestras costumbres democráticas.

Pese a haber sido reñidos adversarios políticos en el pasado, en las últimas elecciones voté por usted y exhorté a los peruanos a hacer lo mismo para evitar al Perú una deriva extremista que nos hubiera empobrecido y desquiciado. Y he celebrado públicamente, en el Perú y en el extranjero, su saludable rectificación ideológica, en política económica sobre todo, que tan buenas consecuencias ha tenido para el progreso y la imagen del Perú en estos últimos años. Ojalá tenga usted el mismo valor para rectificar una vez más, abolir este innoble decreto y buscar aliados entre los peruanos dignos y democráticos que lo llevaron al poder con sus votos en vez de buscarlos entre los herederos de un régimen autoritario que sumió al Perú en el oprobio de la corrupción y el crimen y siguen conspirando para resucitar semejante abyección.

Lo saluda atentamente,


Mario Vargas Llosa

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