Sociedad

Fausto Oviedo: "En el mundo no hay energía para todos"

medio ambiente

Miércoles 15 de septiembre de 2010
RRepresenta al nuevo perfil de empresario: joven, moderno, atractivo, con éxito y... ecológico. Fausto Oviedo (Palma de Mallorca, 1969), una de las voces más autorizadas y reconocidas de España en materia energética y medio ambiental y acérrimo defensor de socializar las fuentes de energía, recibe a EL IMPARCIAL para abordar temas tan dispares como la próxima Cumbre de Cancún, el Objetivo 2020, del que es uno de sus grandes promotores, o la política errática del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero en cuanto a las energías renovables.

La cumbre de Copenhague del pasado mes de diciembre supuso una decepción total debido a la falta de acuerdos de relevancia. ¿Qué valoración hace de la misma?
Copenhague, en cuanto a acuerdos internacionales de obligado cumplimiento, fue un fracaso estrepitoso. Desde el punto de vista de las relaciones, creo que se manifestaron dos cosas: la necesidad de llegar a acuerdos y que estos sean justos. Hasta ahora, Occidente ha sido el que ha querido imponer una política basada en sus propios intereses sin tener en cuenta las necesidades de los países en desarrollo. No debemos olvidar que hoy, cumplida la primera década del siglo XXI, más 1.700 millones de personas no tienen acceso a la energía y, por tanto, tampoco a una vida mínimamente digna. Especialmente grave es la situación del continente africano.

Si nos basamos en la última reunión preparatoria celebrada en Bohn, parece que Cancún tampoco va a traer ningún acuerdo de vigencia y validez internacional. Pero sí que hay un compromiso de China y Estados Unidos de aplicar políticas eficaces contra el cambio climático que abran una pequeña puerta a la esperanza.

Y, con la sombra del fracaso de Copenhague como telón de fondo, ¿qué podemos esperar de la Cumbre de Cancún de finales de año?
La cumbre del pasado mes de diciembre demostró la pérdida absoluta y definitiva de protagonismo de Europa. Asimismo, también acreditó la bipolaridad entre Estados Unidos y China. Después, hay una tercera vía que son las economías emergentes como Brasil, India y, por su soberanía energética, países como Venezuela o Bolivia.

Creo que en Cancún no se va a formalizar ningún acuerdo global, pero sí unas bases para principios de acuerdos multilaterales o sectoriales. Será un éxito moderado y un puente hacia el futuro sin la esperanza de grandes compromisos. Estamos ante una oportunidad de cambio que será viable o no si nace de la sociedad. Lo que está claro es que los poderes políticos están muy supeditados a los intereses de las grandes empresas.

Lo que sí está comprobado es que estas cumbres a gran escala han dejado un poso de escepticismo en la sociedad mundial. ¿Cree que el cambio energético, y medioambiental por extensión, debe partir desde los gobiernos o tiene que ser una revolución social a pie de calle?
Esa es una de las cuestiones clave, si esto va a ser una evolución botton-up o de arriba hacia abajo. Copenhague, al ser en un país europeo, trajo consigo una gran presión social sobre los dirigentes. Basta recordar los problemas de organización o el encarcelamiento del presidente de Greenpeace España. En Copenhague hubo una clara respuesta y una exigencia social hacia los dirigentes para que se aprobaran y ratificaran esos acuerdos. Sin embargo, en palabras de las máximas autoridades del Ministerio de Medio Ambiente español, esa vía no ha funcionado lo suficiente y ahora se quiere trabajar en una mucho más sosegada, interior, realista y de alta dirección.

Yo, desde luego, creo que un cambio real se dará exclusivamente por imperativo social. Las clases dirigentes tienen demasiados condicionantes como para, en solitario, implementar este tipo de cambios. En este sentido, vivimos una crisis económica inducida con el ánimo de ralentizar el cambio de modelo económico hacia una economia verde necesaria pero que, antes o después, se va a dar.

¿Qué es el Objetivo 2020?
El Paquete Verde ob2020 se ha circunscrito interesadamente a la política energética común. Fruto de este marco normativo, existen cantidad de iniciativas empresariales. Permite irradiar una serie de posibilidades que son muy necesarias para la economía local de Europa. Si la gente advirtiera que estamos trabajando para poder pagar la importación de gas y petróleo, nos daríamos cuenta de que produciendo energía autóctona e inagotable seríamos mucho más independientes y menos vulnerables a los vaivenes de la economía global y, en especial, a la radical volatibilidad del precio del crudo. Si este sencillo concepto fuera más popular, entonces la gente tomaría mucho más interés por este tipo de proyectos.

El Paquete Verde de la UE nace básicamente por la importancia estratégica de la energía y la defensa ambiental en una Europa que precisa cohesión y liderazgo centralizado en ambas materias. Una de las pocas competencias exclusivas y reservadas de los países miembros es la política energética. Esto suponía un veto insalvable para establecer una política común, lo cual es un contrasentido, ya que la Comunidad del Carbón y del Acero (CECA) fue el embrión de esta comunidad. Sin embargo, cada país ha desarrollado un modelo propio con dos extremos: Francia, con una apuesta evidente por lo nuclear, y Alemania, que se decanta más por las energías renovables.

Para sortear esta ineficiencia, teniendo en cuenta que la UE tiene una dependencia exterior del 60 por ciento, Bruselas legisló donde poseía competencias, es decir, en materia de medio ambiente. Así, reguló el modo en que se generaba la energía con especial énfasis en las externalidades como la contaminación ambiental, etc. Para ello, formó el Paquete Verde de 2007-2009, que supone que de aquí a 202, Europa tiene que consumir un 20 por ciento de energía proveniente de fuentes renovables que, además, equivale a un 40 de la generación, aproximadamente. También se tiene que reducir un 20 por ciento el CO2 en relación a Kioto y un 10 por ciento en los vehículos a motor. En estos momentos, la UE ya ha propuesto que la reducción del CO2 alcance el 30 por ciento en el año 2020. Es lo que se denomina la Europa libre de carbono.

Esta normativa es una fórmula necesaria para desarrollar una política común, ya que el ob2020 está relacionado con lo que se ha llamado la tercera vía, que es toda la legislación europea que ha promovido e instaurado la liberalización del sector energético en Europa y las redes de transporte transfronterizos. Hoy Europa está conformada por islas energéticas, siendo la situación de España y Portugal de las más preocupantes. Por último, tampoco debemos olvidar que el equilibro ecológico es una obligación intergeneracional.

¿Y se está cumpliendo el calendario propuesto por Bruselas?
Mayoritariamente sí. Se estableció un cupo general autogestionado por cada socio europeo. En lo que en la UE no entra es en la formación del mix energético nacional (conjunto de energías existentes en cada estado). Lo que plantea es que un 20 por ciento, sí o sí y con ciertas sanciones aparejadas aunque sea difícil aplicarlas en caso de incumplimiento, provenga de energías renovables. Como cada país tiene unas características geográficas específicas, el ob2020 se amolda a cada territorio.

En estos momentos, los distintos países miembros están presentando a Bruselas sus PANER (Planes Nacionales Energéticos), siendo el español uno de los más conflictivos y controvertidos.

La política energética española ha recibido muchas críticas en los últimos meses, ¿es nuestro modelo válido?
A España, lo que se le está criticando en estos momentos es que ha querido ser el abanderada de la economía verde y que ahora mismo tiene paralizado todo un sector con inversiones multimillonarias. Hace una semana se celebró en Valencia la Feria Internacional de la Energía Solar y todas las críticas al Gobierno iban en la línea de haber creado una inseguridad jurídica total, impropia de un Estado moderno y de Derecho.

¿Cómo valora el estancamiento energético español?
El estancamiento no deriva de la iniciativa privada, deriva de la política errática del Ministerio. Si tú a un sector que regulas a 25 años vista le cambias las reglas del juego cada año, el capital exterior y la banca se echan para atrás y dejan de apostar por ese sector. Voluntad de inversión hay, otra cosa es cómo se gestione desde el Ministerio. Es una cuestión de derecho público, de inseguridad jurídica. Hoy a España se le asocia al denominado “riesgo regulatorio”.

¿Hay visos de que la política cambie?
El Ministerio tendría que haber aprobado el nuevo Plan Nacional de Energía y el nuevo Decreto que regula la energía fotovoltaica y termoeléctrica. Ambos textos están paralizados. Lo que hay es una gran incertidumbre y hasta que no se sepan las nuevas condiciones de juego, difícil. Lo que está claro es que de consumarse el borrador del Gobierno, supondría la extinción y el finiquito total de la energía renovable en España.

Entonces, el Gobierno estará condenando las energías renovables mas por elección que por obligación.
Desde luego. Considero que es impropio de un ministro de Energía decir que el déficit tarifario se debe en gran medida a la política de apoyo a las energías renovables cuando su balance es positivo. Además, hay que mencionar que Europa tiene una dependencia energética del 55 por ciento mientras que España está en el 85 por ciento y subiendo. Dicho esto, dicho todo.

La política energética de nuestro país está manifiestamente condicionada por el défitit tarifario y los intereses de las grandes empresas. Se aleja cada vez más del cumplimiento del ob2020 de la UE y también de las propias proclamas electorales del Gobierno.

Alemania nos supera en potencia instalada (en el caso de la solar fotovoltaica nos duplica) y, no sólo no posee déficit tarifario, sino que acaba de imponer un nuevo impuesto a las centrales nucleares a fin de seguir apoyando las energías renovables en su territorio.

En su opinión, ¿qué cree que debería hacer el Gobierno para revertir esta situación?
Lo primero, solucionar el déficit tarifario, que es un argumento que siempre sacarán las grandes empresas que, por cierto, tienen una deuda acumulada de 15.000 millones y subiendo. Después, actuar con sujeción a lo acuerdos internacionales como el ob2020 y realizar estudios técnicos sobre la influencia de las energías renovables, no sólo a escala nacional, sino también local. La energía verde genera miles y miles de puestos de trabajo en muchos campos paralelos al de la energía.

Pero sí es verdad que los grandes empresarios ya han manifestado su disconformidad con la energía ecológica por su poca rentabilidad.
El balance económico es siempre favorable. No lo digo yo, lo dice el propio Ministerio. La eólica precisa de una prima muy baja y se acerca cada vez más al coste medio de la energía. La cuestión es cuál es la tecnología adecuada. Cualquier nueva tecnología exige una subvención. Ahora surge un nuevo paradigma cuya clave es un modelo energético basado en fuentes renovables, que yo considero el único viable y, además, distribuido y socializado.

Hoy en día, ninguna eléctrica nos va a facilitar energía limpia porque sí, no está obligado a ello. Puede que la solución esté en el concepto que cada día se oye más pero se implementa menos que es el de la generación distribuida: cada uno de nosotros debemos ser generadores a pequeña escaña de energía y que, con esa energía autóctona y socializada, podamos asegurarnos el suministro. Por este motivo, Bruselas impuso el monopolio de la redes de transporte, que en España recae sobre Red Eléctrica Española (REE) que es quien debe velar porque este principio se materialice.

Por su parte, la Comisión Nacional de la Energía debe garantizar una regulación que permita la entrada de los pequeños productores y, en especial, lo que se denomina como derecho de libertad de empresa. Debe hacer hincapié en vigilar que se cumplan las directivas que ordenan la eliminación de todas las trabas administrativas que puedan hacer inviable el ejercicio de este legítimo derecho a los ciudadanos.

La autosuficiencia energética europea total, ¿es una utopía?
La capacidad depende de la evolución tecnológica, de cómo evolucione la eficiencia de los sistemas energéticos que hoy existen. Lo que está claro es que cada día está más cerca el cenit del petróleo. Cada vez que sube el petróleo el PIB de los países se resiente y esta tendencia es siempre alcista, lo que siempre limita la capacidad productiva.

En el mundo falta energía, no hay para todos. Hay un concepto que es el de seguridad de suministro que si lo sumas al fin del petróleo deja muy claro que no hay energía para todos. Ya hemos mencionado que 1.700 millones de personas no tienen acceso ni a la energía ni a la electricidad. Con que esas personas tuvieran una mínima posibilidad, el modelo es inviable.

Un ejemplo paradigmático es que hace sólo dos años China era el mayor exportador de carbón del mundo. Hoy ya no exporta porque se lo guarda todo para cubrir sus necesidades internas. El desarrollo de determinadas economías emergentes hace que países que hasta ahora eran exportadores, a medida que prosperan, necesitan esos recursos para sí. Si a eso sumamos que Europa pierde peso especifico como potencia económica, pues está claro y urgente que vaya limitando su dependencia exterior. ¿Hasta qué punto? No se sabe. Siempre digo que las energías renovables no están para ser totalmente sustitutivas del petróleo, sino para reducir su consumo.

¿Y cómo se posiciona usted en el polémico debate de la energía nuclear?
Sin energía no hay sociedad, por lo que la prioridad debe ser tener energía. Dentro de esto, existen ciertas problemáticas como las externalidades medioambientales como los riesgos tecnológicos o la contaminación por CO2. Desde el punto de vista estrictamente energético, lo que no podemos hacer es, faltando energía, renunciar a parte de ella. Otra cosa es que se diga que la nuclear es la solución, que no es del todo cierto por sus altos riesgos geopolíticos o sus problemas medioambientales. Inconvenientes que no han sabido solucionar a día de hoy.

Yo estoy a favor de toda forma de producción energética siempre que se haga de forma racional y segura. La nuclear, la que ya existe, es viable aunque, al menos en Europa, está en entredicho.

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Agradecimientos a:
Bar Tomate
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