Sábado 25 de septiembre de 2010
La nueva subida de impuestos anunciada ayer por Elena Salgado bien puede definirse como la crónica de una medida efectista anunciada. Desde hace ya tiempo, la plana mayor del PSOE ha hecho suyos una serie de eslóganes populistas al más puro estilo decimonónico, en especial el célebre “los ricos deben pagar más”. Lo cierto es que la nueva herramienta fiscal nace con unas expectativas más bien modestas ya que, como mucho, logrará recaudar 200 millones de euros -cifra bastante rebajada por analistas y técnicos de Hacienda-. Menos del 1 por ciento de los contribuyentes están en esta situación, lo que indica la poca trascendencia de la iniciativa.
Nunca una subida de impuestos se ha revelado como la panacea de los males económicos de un país. No, al menos, como única solución. Bien es verdad que en casos de extrema necesidad como la que ahora aqueja a España, urge obtener fuentes de financiación de donde sea. Tocar al alza los tributos -ya se hizo con el IVA- es una posibilidad. Dadas las circunstancias, incluso necesaria. Pero quizá sería más correcto implementar políticas reales de ahorro y que fomentasen la inversión, en lugar de seguir despilfarrando dinero público en un estado autonómico tan manirroto como inútil.
Además, uno de las señas de identidad de la Unión Europea es la libre circulación de personas y capitales. Así las cosas, más de un profesional que vea mermado su nivel de vida por este tipo de cuestiones se planteará muy mucho el trasladar su residencia fiscal a otro país donde se despilfarre menos y se tribute mejor. Y los que se queden, no estarán precisamente incentivados a la hora de reactivar el consumo, algo que la economía española necesita de manera imperativa. Estamos, por tanto, ante un guiño hacia la izquierda en vísperas de una huelga general; un mero gesto cara a la galería. Pero lo que España necesita son menos gestos y guiños, y más políticas reales de contención de gasto y de apoyo a la inversión.
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