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[i]Vive la France[/i]

ORIENT EXPRESS

Lunes 27 de septiembre de 2010
Ricardo Ruiz de la Serna alaba el combate francés al terrorismo islamista pese a sus secuestros y amenazas de atentados.

Louis Caprioli, antiguo responsable de la lucha antiterrorista en Francia, ha explicado a Le Figaro la amenaza que gravita sobre Francia, es decir, sobre Europa. Durante años, los servicios de seguridad franceses vienen evitando los sucesivos intentos de atentar en nuestro país vecino, pero la amenaza existe desde hace años. Ahora, el avance de Al Qaeda en el Magreb Islámico, que ha agrupado a las distintas organizaciones terroristas que operaban en la zona, ha agravado el riesgo. A Francia le han secuestrado ciudadanos en los últimos meses mientras otros países pagaban rescates que —nos guste o no- han llenado las arcas de los terroristas. No debato si se debe pagar o no: afirmo que los terroristas están ganando la partida. Mauritania ya ha pagado con la vida de sus soldados la lucha contra el terrorismo, que se libra en África para no tener que librarla en Europa. Argelia está impulsando esfuerzos internacionales para evitar que se paguen rescates, cuyo dinero sirve para financiar atentados. Francia ha decidido combatir.

Desde hace semanas, hay efectivos militares desplegados en Mali y Mauritania. ¿Cuántos son? Ahora mismo no importa mucho eso. Cuentan que, cuando alguna ciudad griega pedía ayuda a Esparta, la polis guerrera enviaba un solo soldado y bastaba. Se trata de agentes de inteligencia, analistas de información, expertos en guerra subversiva. Siguen la pista, en el interior del Sáhara, a los asesinos y secuestradores de europeos, en especial de franceses. Algunos creen que pueden dar lecciones sobre cómo tratar con los terroristas, pero en realidad parecen proponer cómo rendirse ante ellos con cierto decoro. Así cualquiera termina una guerra.

En este caso, la lucha contra AQMI es doblemente difícil. La extensión del terreno, la porosidad de las fronteras y los rehenes dificultan el combate. En el desierto, que es como un mar de arena, hay que encontrar primero al enemigo para después enfrentarse a él. No basta la inteligencia de señales (los satélites, las interceptaciones de conversaciones) sino que es necesaria la inteligencia humana: el confidente, el aliado, el resentido que da los datos concretos sobre el paradero de los terroristas. Después hay que ir y enfrentarse a ellos. A veces, los operativos de rescate fracasan —ocurrió hace algunas semanas- y entonces, de nuevo, mucha gente se da golpes de pecho como si fuera un crimen o —peor aún como decía Fouché- un error intentar arrebatar a los inocentes de las manos de estos asesinos.

Francia libra un combate en el que no hay opciones buenas. No hay comodines del público para responder a las preguntas que el terrorismo formula a la vieja Europa. ¿Estamos dispuestos a luchar por defender nuestro modo de vida? ¿Se debe arriesgar la vida para frenar a los terroristas? Abu Zeid, el líder terrorista que ha dirigido el secuestro de cinco franceses en Níger, lo tiene claro: quien muere en el Camino de Alá —cuyo Nombre divino mancillan estos asesinos cada vez que lo pronuncian- va al Paraíso. Son innumerables los musulmanes muertos a manos de estos criminales que ahora se extienden por el Norte de África.

Ahora Francia lucha contra ellos. Abu Zeid quiere conocer sitios web de cartografía para servirse de fotografías del Sáhara en tiempo real; será un terrorista pero no es tonto. Este tipo, que degolló con sus propias manos al británico Edwin Dyer, invoca la prohibición del velo en Francia como uno de los pretextos para sus acciones. Figúrense cómo será este intelectual que le cortó el cuello a otro ser humano. Imagínense a este valiente que secuestra a civiles desarmados para esconderse después en la profundidad del desierto.

Los franceses han dado un paso al frente. Cuando hago mentalmente la lista de gente normal por la que se salvó Europa de los nazis, siempre me vienen a la memoria algunos franceses. Unos tipos como usted y como yo, pero que hicieron cosas a las que poca gente se atrevería. No sé si fueron muchos; ellos son la prueba de que había alternativa a la rendición y por eso ha de contarse su historia. Ahí está el héroe de la Resistencia Jean Moulin, el director del Consejo Nacional de la Resistencia torturado y muerto a manos de Klaus Barbie, el carnicero de Lyon. Recuerdo a Justos entre las Naciones como André-Trocmé, un pastor de Le Chambon-sur-Lignon, que organizó a sus feligreses para salvar a los judíos que huían de los nazis. Junto a los franceses, lucharon miles de africanos en Europa. Vinieron mauritanos, senegaleses, argelinos, marroquíes… Ya decía el himno de la Legión Extranjera que Francia es la madre de los legionarios.

Ahora, la República libra una batalla desigual contra un enemigo que no tiene frentes ni uniformes. Combate contra los terroristas que han secuestrado, herido y asesinado a gente inocente. Francia defiende en África la seguridad y la dignidad de una Europa que cada cierto tiempo siente la tentación de traicionarse a sí misma.

La Historia tiene páginas terribles, páginas gloriosas y muchos claroscuros. Cuando haya pasado el tiempo y leamos la Historia de los últimos veinte años, veremos que el terrorismo islamista no fue un episodio aislado en este tiempo sino otra amenaza que intentó destruir la democracia, la libertad, los derechos humanos, la razón, los límites al poder y todo cuanto Occidente representa, es decir, todo eso que Francia defiende hoy en África junto a los africanos.

Vive la France.

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