Juan José Alonso Millán | Lunes 27 de septiembre de 2010
La Sociedad Española de Radiofusión, llamada la SER, cuyo dueño y señor era Eugenio Fontan, contaba con un cuadro de actores absolutamente genial; Pedro Pablo Ayuso, Matilde Conesa, Juana Ginzo, Matilde Vilariño y otros muchos, que hacían seriales de Sautier Casasecas y acaparaba la atención del radioyente. También se hizo buen teatro que aficionó a los escuchas. Pedro Pablo Ayuso era la figura indiscutible. Un profesional ejemplar, que dio su talento a las ondas hercianas.
Marisol Ayuso, hija de Pedro Pablo, como no podía ser de otra manera, nacía con vocación de actriz. Absolutamente llamativa por su físico desde muy joven y con una voz extraordinaria, su entrada en Tália tuvo las bendiciones de la profesión. En los años sesenta, la mejor escuela para una primeriza era la revista; se cantaba en directo, se bailaba y se hablaba ante el juicio del respetable público. Además, se aprendía la disciplina de un oficio bien hecho. Su figura y unos ojos inmenso llamaron la atención del cine y rodó más de veinte películas, no al mismo tiempo sino por orden. Pero lo suyo era el teatro y así, desde abajo, comenzó su carrera. La Ayuso ha sufrido muy poco la pesadilla del paro. Pertenece a esos geniales secundarios, que sin ser estrellas tanta falta hacen en nuestro oficio. En estos momentos, en que todos son primeras figuras, apenas hay secundarios. Yo la descubrí sobre un escenario en un papel de reparto en un afunción de Garisa. Me impactó su enorme belleza, su voz y sus ojos. Esas cosas que hay que tener para pasar la batería y poder vivir del teatro.
Uno de mis éxitos fue EL ALMA SE SERENA con Concha Velasco y Alfredo Landa, en el teatro Comedia de Madrid el año 1968. Al cabo de un año de llenos diarios, Concha, abandonó la obra reclamada por el cine. Fue sustituida por Marisol Ayuso. Allí, tuve el gusto de conocerla como actriz y como mujer, a pesar de apenas tratarla, pues yo salía rumbo a Buenos Aires a representar esta función en la calle Corrientes, junto a la estupenda Mónica Randal. Época inolvidable de un Buenos Aires en libertad, respirando cultura con nocturnidad y alevosía. La noche bonaerense ofrecía teatro de todas clases, bibliotecas sin cerrar toda la noche, tiendas de discos de vinilo con poemas recitados por sus propios autores; Neruda, Alberti, León Felipe y en fin, un juego prohibiciones en España al alcance de la mano. La verdad es que lo pasé bomba.
El teatro de la Comedia era el mejor de Madrid, el más comercial, gracias a la peripecia de su empresario Tirso Escudero: El noventa por ciento producción de textos españoles. Teatro a la italiana con visión y audición perfectas. Marsillach cuando andaba en el INAEM, lo compró para hacer el Clásico. Después de diez años, el local sigue cerrado ¿Será por dinero?
El gran director Manolo Callado montó AMOR DAÑINO, una de las comedias que mayor éxito de estreno recuerdo. Luego no pasó nada. El respetable no lo entendía y además, no acudió a pesar de un reparto lleno de primeras figuras, en el teatro Maravillas. Dentro del elenco estaba Marisol Ayuso que obtuvo un éxito sensacional ovacionándola en varios mutis. Un papel que bordó. Un par de años después debuta en La Fontana, con éxito de mucho tiempo.
Pero su mejor obra. El mejor papel de su vida, lo hizo con veintidós años, cuando decidió la sublime decisión, que diría Mihura, de ser madre. Una vez más, yo era el autor de esta nueva obra, hecha con amor y con indudable éxito de crítica y público. Vino al mundo Norma, una preciosa hija nuestra. A mí, nunca se me pasó por la cabeza la idea de ser padre o la de casarme. Marisol si quería ser madre, y tuvo un éxito colosal que dura más de cuarenta años, en que madre e hijas viven juntas y felices.
El oficio del teatro da para vivir bien, pero nadie se hace rico. Lo contrario que pasa con la televisión. Aquí se gana dinero a espuertas con la basura o los seriales. La profesión ha encontrado su quimera del oro. El teatro se tiene como recurso y el cine, como cosa que no se ve en ningún sitio. Marisol Ayuso encontró fortuna en la serie AÍDA, que lleva cinco años y pico. Sin abandonar el teatro; el María Guerrero con LOS VERDES CAMPOS DEL EDÉN o la Brígida del Tenorio o las llamadas de Montesinos a sus espectáculos. Imposible no recordar, su Laura de EL CIANURO ¿SÓLO O CON LECHE?, en el Reina Victoria, papel que crearon insignes actrices; Carmen Prendes, Cándida Losada, Pilar Muñoz, Gemma Cuervo, Pilar Bardem … gracias Marisol por todo. Resulta curioso que, sin amar la ópera, la suerte en su vida hayan sido dos títulos emblemáticos: NORMA y AÍDA.
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