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El rey Abdullah de Arabia Saudita anula su visita a Francia

Una nueva generación en el umbral del poder

Martes 28 de septiembre de 2010
El rey saudí Abdullah Bin Abdulaziz ha decidido postergar sine die su visita oficial a Francia prevista este mes de septiembre. El palacio del Eliseo se muestra inquieto, y teme por los gigantescos contratos en perspectiva. Arabia Saudita es el primer comprador de armamento galo. Sin embargo, las razones de la suspensión del viaje real no parecen ser políticas, sino internas al Reino wahabita.

La actual cúpula dirigente saudí es octogenaria. El rey Abdullah es el primogénito con 86 años. Le siguen con dos o tres años de diferencia, el Príncipe heredero y primer ministro Sultan Bin Abdulaziz y el ministro del Interior Nayef Bin Abdulaziz, segundo en la sucesión. El benjamín de los hermanos en la cumbre es Salman Bin Abdulaziz, gobernador de Ryad, con 75 años.

La anulación del viaje del rey Abdullah a Francia parece estar motivada por sus problemas de salud. Y también por la del Príncipe heredero el Emir Sultan, deteriorada recientemente. La posibilidad de desaparición del futuro monarca ha avivado las diferencias internas en el seno de la cúpula dirigente. Y quien está llamado a sucederle, el Emir Nayef tampoco goza de una salud de hierro.

En estas circunstancias, en los círculos de inteligencia árabes y occidentales, se baraja la posibilidad de que a corto plazo el Consejo de Sabios (Majlis ech Choura) designe a un príncipe de la segunda generación para suceder al rey en el trono saudí. Lo que supondría una fuerte sacudida de las estructuras tradicionales que rigen el reino wahabita. Hasta el momento, los príncipes de esta generación ocupan únicamente puestos como embajadores, como el príncipe Saud Bin Nayef, designado en España; Mohamed Bin Nawaf, otro sobrino del rey, embajador en Gran Bretaña; el príncipe Bandar hijo del Príncipe heredero Sultán fue embajador en Washington y ahora es Secretario general del Consejo de Seguridad Nacional de Arabia Saudita; o bien se dedican a empresas privadas como Walid Bin Talal, igualmente sobrino del rey Abdullah, y una de las fortunas financieras más importantes del mundo, promotor de nuevas tecnologías y del mundo de la comunicación. Por su parte, los hijos del rey Abdullah, Jaled, Mutaib y Abdulaziz, ocupan puestos relevantes en el entorno del monarca.

Sin embargo, pese a las dificultades que conlleva el relevo generacional -cambio de la normativa de sucesión, reordenación del reglamento propio de las instituciones del poder -, no se prevén crisis insuperables. El actual rey Abdullah ha conseguido estabilizar la situación geopolítica regional mejorando ostensiblemente las relaciones con Irán y con los otros países del Golfo. Los únicos problemas a los que todos ellos deben hacer frente son los protagonizados por Al Qaeda de la Península Arábiga y el irredentismo de las tribus del norte de Yemen colindantes con Arabia Saudita.

Las relaciones del reino wahabita con España son excelentes, si bien excesivamente centradas en la persona de los respectivos reyes. Arabia Saudita cuida hasta el extremo las relaciones con la Casa Real, a la que considera el puente hacia las monarquías europeas. Por razones históricas los vínculos entre la monarquía saudí y la familia Borbón van más allá de lo puramente formal. La concesión al rey Abdullah por el rey Don Juan Carlos de la medalla de la Orden del Toisón de Oro, y el hecho de que el rey de España ostente entre otros títulos el de "Rey de Jerusalén", segunda ciudad santa del Islam, refuerza aún más si cabe dichas relaciones. En la última visita oficial del monarca saudí a España, Don Juan Carlos rompiendo todos los protocolos y saltándose las normas de seguridad, fue a buscarle al pie del avión con su coche. El Rey conducía y el rey saudí iba sentado a su lado. Sin embargo, las relaciones del príncipe Felipe con la monarquía saudí son más bien discretas, y muy por debajo de las posibilidades, según fuentes diplomáticas. El emir Salman asistió a la boda de Don Felipe y Doña Leticia y en sus viajes a España siempre se han entrevistado.

España no puede competir ni con Estados Unidos ni con Inglaterra o Francia en la venta de armamento a Ryad, pero sí lo puede hacer en tecnología de uso civil. Como es el caso de la empresa Talgo que se disputa con la francesa Alshtom-SNCF para la construcción de un tren de Alta Velocidad entre La Meca y Medina. Ambas se encuentran licitando la oferta, y aunque la francesa ofrece materiales muy modernos, la española tiene precios mucho más asequibles. También en los sectores de energía solar y de centrales de desalinización de agua de mar, España posee grandes oportunidades. En cuanto al Plan de infraestructuras de Arabia Saudí, el más ambicioso de la región, tiene un potencial al que las empresas españolas del sector pueden acceder.

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