Opinión

El irresponsable en la ONU

Álvaro Ballesteros | Martes 28 de septiembre de 2010
“Irresponsable: 1. Persona a quien no se puede exigir responsabilidad; 2. Persona que adopta decisiones importantes sin la debida meditación; 3. Acto resultante de una falta de previsión o meditación”.

Diccionario de la RAE


La visita, la semana pasada, de nuestro Primer Ministro a la sede de la ONU en Nueva York y su actuación circense durante la misma forman la prueba más irrefutable de que España y los españoles estamos en crisis bastante más profundamente de lo que incluso podíamos haber llegado a imaginarnos. Si durante seis años Zapatero ha gobernado de espaldas al mundo, ahora su intento por acercarse de pasada a la realidad se está trocando en una pesadilla nacional sin parangón. Escribía recientemente Cristina Losada que “Zapatero izó el estandarte ideológico como primordial reclamo, radicalizó las diferencias y polarizó a la sociedad. Ganó por dos ocasiones con tal estrategia y la esperanza en una huida permanente de la realidad. Y ésta se ha tomado su revancha. Cuando forzado por la magnitud de la debacle ha debido adaptar parte de su política a lo real, se encuentra sin compañeros de viaje.” (“El viaje imposible de ZP”, Libertad Digital, 23.09.2010).

Así de claro, damas y caballeros. Estamos en crisis porque el que nos gobierna no tiene ni noción de qué es lo que se debe hacer para representar a nuestro país, para salvaguardar sus intereses, ni para salir de la catástrofe económica en la que nos metió su propia irresponsable ceguera estratégica. Estamos en crisis porque es ya innegable que quien lleva una legislatura y media al mando del país aun confunde gobernar con lo de hacerse una foto. Estamos en crisis porque muchos españoles se niegan aun a ver que quien recibió su confianza en dos citas electorales no ha estado nunca a la altura de las circunstancias, haciendo de nuestro depauperado país un actor internacional de tercera fila. Y estamos en crisis porque los que amenazan nuestros intereses y hasta nuestra integridad territorial saben que tienen al frente de España a un absoluto indigente intelectual.

Como ya saben, decidido a intentar mantener el espejismo sobre su errática política exterior y la dejación de la defensa de España ante los apetitos marroquíes, Zapatero se reunió la semana pasada en la sede de la ONU con el monarca alauí para hacerse otra foto y escenificar la “reconciliación” con Marruecos. Algo que alcanza ya el rango de “misterio teológico” del no va más; y es que ya me dirán ustedes cómo se reconcilia uno con un oponente con el que nada se discute sobre los puntos de enfrentamiento, y con el que se jura y perjura que las relaciones han sido “excelentes” en todo momento. El milagro que pretende vendernos Zapatero equivale a curar al sano o a resucitar al vivo. Pero que no se confunda nadie: nuestra política ni está sana ni está viva, bajo la batuta del iluminado de León.

Ejemplo de despropósitos y vergüenzas, la reunión de Zapatero con el Rey de Marruecos supuso de principio a fin una glosa a la absoluta falta de saber estar del líder monclovita, que se mostró una vez más como un gran cateto fuera de su pueblo. Empezando por el saludo impresentable a Mohamed VI, ante los medios de comunicación que cubrían el encuentro: con ese “¿Cómo estamos, señor?”. Nada menos que en la ONU: sede mundial del respeto al protocolo y a las formas internacionales, donde a los españoles se nos consideró durante décadas finos exponentes de este elegante cortejo internacional que es el protocolo, basado en el respeto, el conocimiento y el saber hacer entre representantes nacionales. Pues ahora, nuestro ilustre Zapatero se dirige al Jefe del Estado marroquí ante el público internacional como si se tratase de su compañero de mus. Nada de “Su Majestad”, que eso es “facha” e ir en contra de los Derechos Humanos. La primera, en la frente. Y con ese sonrisón de bobo, como si en lugar de entrevistarse con el que pone en duda la españolidad de nuestros territorios en el norte de África, se le hubiera aparecido Lenin, Kim Il Sung o cualquier otro de sus héroes socialistas.

La segunda, también en la frente. Siendo obvio que Zapatero buscó la reunión con el Rey de Marruecos para intentar acabar con el rosario de episodios que en los últimos meses han mostrado a las claras el fracaso de la política de todos los gobiernos socialistas desde 1982 de “mirar para otro lado” ante los agravios en las relaciones con Rabat, el dogma zapateríl de que las relaciones con el vecino del sur son “excelentes” ha adquirido ya tintes surrealistas. ¿Cómo se compagina la cosmovisión zapateríl con el mantenimiento de la ocupación del Sahara Occidental (con su rosario de violaciones de los Derechos Humanos), en total violación de las resoluciones de una ONU a la que Zapatero dice apoyar? ¿Cómo se conjuga el término “excelente” con la amenaza a la integridad territorial del Estado, cuya salvaguarda garantiza la propia Constitución y debe ser una prioridad obligatoria para nuestro gobierno? Difícilmente; pero como lo que cuenta para Zapatero es la foto, lo mejor es pasar de puntillas sobre los temas relevantes para España y sentarse sonriente mientras Mohamed VI aprovecha para dejarnos en ridículo y mostrar bien claro quién lleva la batuta en las relaciones, colocando la bandera marroquí en solitario en la mesa, ante las cámaras, y ganándole la partida al de León por goleada estratégica, política e intelectual. Una semana después, todavía se están riendo mis amigos que trabajan en la sede de la ONU, y que obviamente no son españoles; los que tienen pasaporte nacional están aun con la cara de circunstancias, haciéndose el sueco y evitando hablar del tema con sus compañeros de otros países mientras estos bromean señalándoles la foto de turno en la prensa.

Y la tercera, como mayor muestra del cacao mental zapateríl: ¿a qué viene lo de reunirse con el Rey de Marruecos? ¿Por qué no se reúne nuestro Presidente del Gobierno con su homólogo, el Primer Ministro marroquí Abbas El Fassi? Es a él a quien el pueblo marroquí elige en elecciones supuestamente democráticas para diseñar la política del régimen alauí. Por consiguiente, Su Majestad el Rey Mohamed VI (si nos tragamos lo de que Marruecos es una democracia, como defiende el PSOE), no debería tener competencias a la hora de decidir la actuación política de su gobierno, tal y como sucede con Su Majestad el Rey Don Juan Carlos I en nuestro propio sistema democrático nacional, en el que nuestro Jefe del Estado reina, pero no gobierna. Zapatero nos está diciendo a grito pelado que o no tiene ni idea de teoría política y funcionamiento democrático (algo que no dudo), o que él ya ha asumido que Marruecos no es una democracia y que el Rey reina y gobierna a la antigua usanza. Por si no se han dado cuenta los 600 asesores en la Moncloa, ambas opciones son malas. La primera, porque nos devuelve a la realidad del irresponsable que no está capacitado para llevar a cabo la labor que va pareja con el cargo de Presidente del Gobierno de España. La segunda, porque nos debería hacer pensar si ante la realidad de un régimen que no es democrático (como el marroquí), ¿es aceptable que el gobierno de España anuncie constantemente a los cuatro vientos que las relaciones con “excelentes”? Coincidirán conmigo en que es una tragedia histórica el hecho de que tantos millones de españoles hayan decidido ignorar ambas preguntas y las respuestas que la realidad dicta a las mismas.

Que estamos en una terrible crisis lo certificó el resto de la actuación circense de Zapatero en la sede de la ONU, antes de que nuestro Premier continuase haciendo el ridículo ante el consejo editorial del diario económico "The Wall Street Journal" anunciando que “la crisis de la deuda que afecta a España y a la Eurozona ha acabado”. Parece ser que ni los denostados 600 alcanzan a entender que el mismo hecho de que sea alguien tan desacreditado como Zapatero el que lo anuncie, equivale a garantizar que la crisis de la deuda se mantiene. Es lo que pasa cuando los gobernantes sin credibilidad pretenden ir de salvapatrias goyescos. Antes de dejar la sede de la ONU, Zapatero se encaramó a la tarima de oradores para (mano en alto y mirada extraviada) pedir la instauración de la llamada tasa Tobin, que graba las transacciones económicas financieras internacionales, una receta perfecta para poner trabas a la salida de nuestras economías de la crisis, y que además la UE ya había desestimado, al tiempo que el director de la Fundación de las Cajas de Ahorro españolas, Victorio Valle, calificaba la propuesta zapateríl de pura “imbecilidad’. Algo apoyado por titulares de la prensa nacional de la talla de “Zapatero salda sus 5 viajes al exterior con 15 disparates económicos”. Ya saben: la cuarta, también en la frente.

En fin, como España no es miembro del G-20 (a pesar de las repetidas mentiras de Zapatero en público diciendo que lo somos), Corea del Sur acaba de anunciar que invita a España, Etiopía, Malawi, Vietnam y Singapur a la próxima cita del grupo en Seúl, el 11 de noviembre. Queda claro que tendremos que prepararnos para la próxima payasada internacional de Zapatero, al tiempo que solo nos queda esperar que nuestro desnortado Premier se mantenga en Seúl tan calladito como lo estuvo en la cumbre del G-20 en Londres, el pasado 2 de abril de 2009, a donde fue invitado como miembro de segunda fila de la delegación de la UE (que sí pertenece como tal al G-20).

Al empezar a escribir este artículo, rememorando las escenitas de la semana pasada en Nueva York, pensé en pedir a todos los dioses del Olimpo que Zapatero no volviese a la ONU. Ahora, terminando de escribirlo, me permito pedir a la mismísima Triada Capitolina que Zapatero no vuelva a salir al extranjero representando a España. Aunque ya puestos, sería mucho mejor pedir que nuestro irresponsable Premier dejase pronto paso a alguien con un poquito más de actividad neuronal y experiencia vital (y con mucha menos carga ideológica) al frente del gobierno de España. No es un secreto que nuestro país lleva ya demasiado tiempo perdiendo credibilidad a raudales; y es una certeza absoluta que una vez perdida, recuperar esa credibilidad es mucho más difícil de lo que nuestro circense Primer Ministro se pueda imaginar. Deberíamos, quizás, ir pensando también en encontrar maneras de reformar nuestro funcionamiento institucional, para que los que controlan los partidos políticos en España llegasen a ser mucho más responsables de lo que nos tienen acostumbrados hasta ahora. Ya saben, puestos a pedir…

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