Opinión

La foto truncada de Zapatero en vísperas de la huelga

Miércoles 29 de septiembre de 2010
La relación entre las centrales sindicales y el Gobierno es más que fluida. Pese a la huelga general, hay una evidente sintonía entre ambos, por más que desde uno y otro lado se intente vender de un tiempo a esta parte una calculada imagen de desencuentro que muy pocos se creen. Pero hasta los sindicatos han tenido que plantarse ante la última salida de un Ejecutivo cada vez más desnortado. Y es que la última ocurrencia de Moncloa fue la de organizar una reunión a dos bandas entre la vicepresidenta económica, Elena Salgado, y los líderes de UGT y CCOO.

Querer retratarse con los representantes de las centrales sindicales a un día escaso de la huelga general refleja hasta qué punto José Luis Rodríguez Zapatero está más pendiente de hacerse fotos que de resolver los problemas reales de España. Ya pretendió vender como un éxito de su gestión el haber llegado a acuerdos para articular servicios mínimos. Sólo faltaba que el Gobierno no pudiese garantizar un derecho, el del trabajo, que consagra la propia Constitución en su artículo 35. Es su obligación, no una medalla que deba colgarse. Al igual que también debería serlo renunciar a hacer ridículos tan absurdos como el del conato de foto con los sindicatos y que al final no se produjo. Cosas así minan la credibilidad de un gobierno, tanto de puertas adentro como, sobre todo, cara al exterior.

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