Tribuna
Miércoles 29 de septiembre de 2010
Alejandro Muñoz-Alonso vislumbra las intenciones de Eta que en un comunicado afirmó querer avanzar en una negociación.
Ahora sabemos, sin el menor asomo de duda, que, desde que llegó a La Moncloa, Zapatero ha intentado siempre ir más lejos. Y lo sabemos no por sus palabras —siempre vanas, engañosas o ambas cosas a la vez- sino por sus actos que han ido siempre en la misma dirección. Mucho más allá de lo que figuraba en sus programas electorales, siempre intentó alejarse de los consensos básicos sobre los que se construyó este sistema democrático, hace ya más de treinta años. Cada vez aparecen con más nitidez los perfiles y el contenido de su programa oculto: desmontar el sistema alumbrado en la Transición, que tiene su expresión jurídica en la Constitución de 1978; eliminar la relevancia política del centro-derecha, impidiendo por todos los medios imaginables, legales o no, que pudiera volver al poder; conseguir, en suma, el monopolio del poder para su partido, inspirándose en el modelo del PRI mexicano y —a mucha más distancia por evidentes razones de cultura y estilo político- en la socialdemocracia sueca.
La meta, confesada y reconocida con medias palabras en más de una ocasión, era regresar al pasado de una “democracia” exclusivamente de izquierdas como la que existió en España en los años treinta del pasado siglo. Y para ello, como ya ocurrió entonces, la alianza con los partidos nacionalistas periféricos debía ser el instrumento básico. Para comprar su apoyo sería válido cualquier expediente y, desde luego, no habría que pararse nunca en barras, aunque esas barras fueran los preceptos constitucionales. El Estado de Derecho es un concepto extraño y ajeno a la mentalidad socialista, que siempre ha estimado que las leyes vigentes son el mayor obstáculo para alcanzar sus objetivos manifiestos u ocultos. Por las mismas razones tampoco aceptan la separación de poderes que, tan a menudo, puede ser el máximo freno para ir más lejos. Por eso se levantó acta oficial del entierro de Monetesquieu. Multitud de ejemplos se podrían aportar para demostrar que ambos pilares de una democracia auténtica, Estado de Derecho y separación de poderes, son ya en España una sombra sin consistencia.
Esta hoja de ruta zapateril se ha proseguido con sistemática constancia desde 2004. La Ley de Memoria Histórica y cuanto ha coleado a su alrededor y la increíble peripecia —increíble en una democracia digna de tal nombre- del Estatuto catalán son dos de los hitos más notorios y fundamentales de esa trayectoria que, si no se logra parar para volver al punto de partida, no es más que una enloquecida carrera hacia el abismo. El reciente y semioculto pacto con el PNV es, por ahora, la última zancada en esa dirección. Pactar con el partido que es oposición al suyo en aquella comunidad autónoma es un acto de deslealtad política, rayano con la alta traición. Zapatero reconoce al PNV —en línea con lo que los nacionalistas piensan de si mismos- como el partido al que “naturalmente” corresponde la gobernación del País Vasco. Y deja a los socialistas vascos, al Gobierno socialista de aquella comunidad y a su “compañero” el lehendakari, con el trasero al aire, obligados a hacer de tripas corazón y, encima, a poner buena cara. Pero ¿por qué sorprenderse? Al fin y al cabo es lo mismo que ya intentó hacer, a propósito del Estatuto catalán, con la oposición nacionalista catalana, en contra de los socialistas de allí. Zapatero ha “maragalizado” a Patxi López.
Un pacto este de Zapatero con el PNV que ahora ya sabemos que no se ha limitado a la bochornosa compra de los seis votos peneuvistas para sacar adelante los Presupuestos de 2011, garantizándose unos meses más en La Moncloa. Una venta en la que la contrapartida es la abusiva cesión de unas competencias que ningún gobierno anterior, ni socialista ni popular, había entendido que fueran cedibles, con la Constitución en la mano. Ahora ya sabemos que, en las negociaciones entre Zapatero y Urkullu se abordó la recuperación de aquel “proceso del paz”, fracasado en la legislatura anterior. Y si la comadrona de este nuevo proceso es el PNV, no hay dudas de por dónde va a ir: Legalización de Batasuna, directa o indirectamente, y continuación de la presencia de proetarras en los ayuntamientos vascos y navarros. Es lo que ETA viene buscando por razones tanto políticas como financieras. Y para ello, la banda terrorista ya ha hecho saber —en una tercera comunicación-entrevista de esta última serie- que, ellos también, están dispuestos a ir más lejos. Como Zapatero. ETA, como siempre, pone sus condiciones. Acepta, de boquilla, un alto el fuego permanente y verificable. Recordamos muy bien cómo “verificaba” Rubalcaba aquel otro proceso de paz y cómo lo aprovechaba ETA para robar coches y pistolas y proseguir con su rearme. ETA dice estar dispuesta a negociar, pero no a rendirse. Igual que las colombianas FARC, después de la muerte de su más peligroso capo.
Una negociación que, si hacemos caso a diversas voces del PNV empezando por la de un reaparecido Arzallus —que algunos dicen que sigue mandando mucho- no ha cesado nunca. En el anterior “proceso de paz” hubo un vergonzoso acto de colaboración directa con banda armada por parte de ALGUIEN en el ministerio del Interior y que se concretó en el “chivatazo” de El Faisán, todavía sin resolver, si es que alguna vez llega a resolverse en este peculiar y declinante Estado de Derecho. Ahora parece que la colaboración se va a hacer con la mediación del PNV, que siempre ha mirado con una inocultable comprensión a sus descarriados hijos de la gasolina y del tiro en la nuca. No hace falta ser vidente para saber adónde nos va a llevar este renovado proceso en el que, ambas partes, desean ir más lejos…
TEMAS RELACIONADOS: