reseña
Sábado 02 de octubre de 2010
Ricardo Virtanen: Sol de hogueras. Sevilla. Renacimiento, 2010. 60 páginas. 9 €
Hasta setenta haikus reúne Sol de hogueras en sus cuatro secciones: “De natura”, “De animalibus”, “De persona” y “De profundis”. Hay, dentro del segundo apartado, un grupo de haikus (XXXV a XLII) que tienen como protagonistas a las moscas, las mismas que se asentaban en la calva infantil de Antonio Machado. Excelente el que hace el número XL:
Sólo las moscas
no diferencian entre
muertos y vivos.
El poemario es un canto a la naturaleza, a la belleza y a la sencillez; de ahí la elección del haiku como forma de expresión. Esta característica aparece ya en el fundador de la escuela, Matsuo Basho, así como su metro silábico: cinco, siete y cinco sílabas en castellano y en las lenguas occidentales y diecisiete moras (5/7/5) en el lenguaje silábico japonés. No es nuestro poeta el primero, ni será el último en utilizar este tipo de estrofa en castellano: Borges y Benedetti lo han hecho, por citar sólo a los más ilustres, pero sus cultivadores son muy numerosos.
Ricardo Virtanen (Madrid, 1964) comenzó su andadura poética en el año 2005 con Notas a pie de página y el pliego Epitafios, y la continuó en años posteriores con cuadernos de aforismos, Pompas y circunstancias (2008) y varios poemarios más. Sol de hogueras es, como ya se ha dicho, un prodigio de sencillez y de belleza, una mirada al mundo, al hombre y a las cosas, un describir la esencia en una simple frase. Cada sección lleva una acertada cita: “De natura” de Issa Kabayashi; “De animalibus”, de Taigi; “De persona”, de Taneda Santóka; y “De profundis”, de Hölderlin: “Das Leben ist zum Tode nicht erkoren” ("La vida no está destinada a la muerte"). El poema resume la vida como voluntad de permanecer, pero aunque su destino no es ése, la muerte llega inevitable. Como final veamos cuatro ejemplos de poemas, uno de cada sección:
XVII
Mientras espero,
la corriente del río
se lleva el día.
XXIV
Cuando la miras,
vuela para tus ojos
la mariposa.
LIV
Tendría al fin
que morirse el cerezo
para olvidarla.
LXX
No hay día ni hora
que no cante el silencio
sombras de luna.
Bello librito que se lee de un tirón en el que se conjugan el buen hacer del autor y el del editor, el poeta Abelardo Linares, alma y vida de la editorial sevillana Renacimiento.
Por Alberto Sánchez Álvarez-Insúa
TEMAS RELACIONADOS: