Sábado 02 de octubre de 2010
El Gobierno ha presentado los Presupuestos Generales del Estado para 2011. Como si fuera cualquier cosa, el Ejecutivo ha presumido de haber reducido el gasto para el curso que viene en un ocho por ciento. Sólo hay que recordar que el año pasado aprobó un texto que implicaba un aumento en el gasto del 17 por ciento. Y en septiembre de 2009 se cumplían dos años de la crisis económica. Toda la economía privada se estaba ajustando penosamente, y la pública, en lugar de seguir el mismo camino, lo que hubiera sido juicioso, apostó por lo contrario. En un intento de cubrir la caída de la demanda privada con la pública, se aumentó el gasto de forma incontrolada e irresponsable.
El resultado ya lo conocemos. Moody's ha sido la última de las tres grandes agencias de calificación en retirarle el sobresaliente a nuestra deuda, porque empieza a despertar sospechas. Los inversores, que sabían que su dinero estaba bien depositado en nuestra deuda, comienzan a vacilar. Ahora se produce un cambio de rumbo total, y ni Zapatero ni la vicepresidenta De la Vega ni la ministra Salgado han explicado suficientemente las razones del giro. Más bien se pasa de puntillas sobre los motivos que le han hecho virar del dispendio a los recortes. Y, lo que es peor, el recorte no es suficiente.
Este es un hecho desgraciado, pero lo es más que todos los analistas hayan coincidido, no sin buenas razones, en que estos presupuestos no son creíbles. Además, recortan en lo más fácil, que es lo que más apunta hacia el futuro: educación e infraestructuras. Las situaciones de crisis son las más adecuadas para replantearse qué se ha hecho bien, que no es poco, y qué se ha hecho mal, que seguramente es más. Y son la ocasión precisa para hablar con claridad y honestidad a los españoles sobre lo que se puede y no se puede hacer. Pero, de nuevo, el gobierno de Zapatero ha renunciado a hacerlo. No sólo Moody's y la OIT, sino que son muchos los organismos que temen que la economía española se mantenga estancada durante años. Son muchos años de crisis, que habrán de ser, finalmente, de reflexión y reconsideración de nuestro modelo.