Domingo 03 de octubre de 2010
Este domingo se cumple el vigésimo aniversario de la reunificación alemana, hecho deseado por muchos pero que, tras el paso del tiempo, es visto con menos optimismo del que suscitó inicialmente. En el país siguen perviviendo las diferencias entre ossis y wessis -alemanes del este y del oeste, respectivamente-, con los recelos entre ambos, por un lado, y el enorme coste de la reunificación, por otro. A propósito de esto último, el gobierno alemán se ha mostrado siempre reacio a dar una cifra que podría suscitar una polémica considerable, aunque, a juicio de algunos analistas, el coste no bajaría del billón y medio de euros.
Con todo, aún queda mucho por pagar, a tenor de las desigualdades que todavía persisten entre la ex RDA y lo que era la RFA. Sirva como ejemplo el hecho de que la tasa de paro en los länder del Este duplica la de sus vecinos del Oeste. Una de las razones puede ser la calamitosa situación de las estructuras productivas de Alemania del Este. Y es que si algo ha demostrado la reunificación es el tremendo fracaso del socialismo soviético. La existencia por largo tiempo de dos “Alemanias” ha sido una prueba empírica del resultado de dos sistemas económicos: tan alemanes eran los de la DDR como los de la RFA y la diferencia abismal entre ambos estados se votaba con los pies, a pesar de “vopos” y Muros. La situación económica actual de Hungría, Bulgaria o Rumanía, entre otras naciones del antiguo Telón de Acero, es la que es porque no tiene una vecina rica como la República Federal que pague sus facturas y las conduzca por la senda de la economía de mercado. La pobreza generalizada y la baja productividad eran el denominador común de una Alemania del Este muy poco añorada. Quizá deberían tomar buena nota los sindicatos -ellos que sí la echan de menos, seguro- de toda esta situación para darse cuenta de lo que implica permanecer anclados a trasnochados clichés decimonónicos y a economías cerradas fuera del mercado.