María Cano | Lunes 04 de octubre de 2010
La mentira tiene las patas muy cortas. Chávez negó furibundo hace unos meses cualquier relación entre Eta y las FARC pese a las evidencias encontradas en el ordenador del fallecido líder de (FARC) Raúl Reyes. El Gobierno español decidió creerle sin investigar nada más e, incluso, firmó un comunicado conjunto para reafirmar su cooperación en materia de lucha antiterrorista.
Siete meses después, para desgracia del Ejecutivo, han sido los propios etarras (dos miembros de la banda detenidos la pasada semana), quienes han confesado haber sido entrenados en Venezuela en 2008 por Arturo Cubillas, un presunto etarra casado con una periodista venezolana y el enlace, según miembros de las FARC y de Eta, de las dos bandas terroristas, motivo por el cual está reclamado por la Audiencia Nacional desde marzo. Pese a ello, España no ha recibido por parte del gobierno venezolano noticias de Cubillas, aunque ocupa un cargo dentro del Ministerio de Agricultura y Tierras de Venezuela, por lo que no debe de resultar muy difícil de localizar.
Pero parece ser que la buena fe del Ejecutivo de Zapatero es inagotable y, pese a todas las evidencias enumeradas, Moratinos se ha limitado a pedir explicaciones, una vez más, a Venezuela. Esta canción ya me la sé. Tanto es así que he podido entonar el estribillo antes que los propios intérpretes y he acertado: hace sólo unos minutos que el embajador venezolano es España ha negado cualquier relación entre Eta y las FARC y ha cuestionado la credibilidad de los etarras.
Es curioso lo fácil que resulta para algunos demostrar su inocencia (de palabra y sin investigaciones de por medio), y lo difícil que nos resulta a otros convencer a las administraciones públicas de que no hemos defraudado a Hacienda, a los jueces de que algunos despidos son más que merecidos, a una gran compañía eléctrica que te ha facturado una cantidad desorbitada de que es físicamente imposible que tu consumo mensual roce en un mes los 1.000 euros, a tu aseguradora de que la culpa del golpe sin importancia la tuvo el otro coche, a la Policía de que un energúmeno ebrio lleva horas a las tantas de la madrugada dando gritos y golpes a todo lo que encuentra a su paso en tu calle pese a que ya ha venido una patrulla y no ha hecho nada porque, claro, a ver quién se atreve con un clan al completo (y mientras tanto todo un vecindario sin dormir y vigilando sus coches desde las ventanas), y así un largo etcétera. Mientras muchos de nosotros, simples mortales honrados y cumplidores, nos pasamos la vida teniendo que demostrar de forma continua y desquiciante nuestra inocencia, otros con decir que son inocentes, lo tienen hecho. Incluso con muertos de por medio.
Pues si así es como funcionan las cosas, tendré que empezar a pensar en hacerme amiga de dictadores, asesinos y gente de mal vivir, volverme “jurru”, como llaman en el norte a los “kale borrokas”, estafadora o algo peor. Seguro que así me ahorro mucho tiempo y quebraderos de cabeza y gano una gran credibilidad de golpe, sobretodo de cara al Gobierno que, a partir de ese mismo instante, defenderá mi inocencia a capa y espada de forma proporcional al número de evidencias que encuentren en mi contra. Aunque si eso no ocurriera pondría de manifiesto los motivos ocultos del Gobierno de Zapatero para tragarse todos los sapos y tomaduras de pelo de Chávez. Porque defenderme a mi no le merecería la pena pero… ¿qué gana el Ejecutivo bajándose los pantalones de forma reiterada con Chávez y otros tantos arriesgando su imagen, su integridad y la confianza de los votantes? ¿O son realmente tan necios que creen lo que se les dice (o hacen como que se lo creen) por evitar un conflicto que no sabrían cómo manejar por incapacidad absoluta? No sé cuál de las dos opciones me asusta más pero como para maleante creo que no sirvo compro isla deshabitada con espacio suficiente para sembrar lo suficiente como para subsistir con holgura y para criar animales. Se admiten ofertas.
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