PH CERO
Jueves 07 de octubre de 2010
Los socialistas están pasando una mala temporada. Muy mala a tenor de las encuestas sobre intención de voto y de la crisis interna instalada en el PSOE, que se sale a borbotones de Ferraz. El PP le saca 14,5 puntos de ventaja y el atrevido Tomás Gómez Franco ha ganado a la oficialista Trinidad Jiménez en las primarias de Madrid. Están muy nerviosos y se les nota en su incapacidad para disimular la crisis económica y la deriva socialista con la soltura con la que lo hacían antes. Les retrata, además, la omnipresencia de sus más destacados líderes en los principales medios de comunicación para representar el forzado cierre de filas en torno a su secretario general y presidente del Gobierno de España.
Los socialistas están pasando una mala temporada. Muy mala a tenor de las encuestas sobre intención de voto y de la crisis interna instalada en el PSOE, que se sale a borbotones de Ferraz. El PP le saca 14,5 puntos de ventaja y el atrevido Tomás Gómez Franco ha ganado a la oficialista Trinidad Jiménez en las primarias de Madrid. Están muy nerviosos y se les nota en su incapacidad para disimular la crisis económica y la deriva socialista con la soltura con la que lo hacían antes. Les retrata, además, la omnipresencia de sus más destacados líderes en los principales medios de comunicación para representar el forzado cierre de filas en torno a su secretario general y presidente del Gobierno de España.
Sirva como ejemplo del primer síntoma la lamentable operación de distracción que este martes han montado con la intervención de la Guardia Civil en el Ayuntamiento de Murcia. Una operación contra la corrupción urbanística con filtración y presencia generosa de los medios de comunicación que se ha saldado con tres detenidos. Pero también una actuación que nace de un procedimiento judicial que empezó en 2008 sobre el que el consistorio murciano lleva cumplimentando toda la información requerida por el juzgado en estos dos años y que coincide con la resaca de la primarias socialistas, el enésimo malísimo dato del paro y las exigencias del Banco de España al Gobierno para que presente un “plan B” en caso de que las medidas adoptadas no den el fruto necesario para salir de la crisis económica.
Valgan como evidencias del segundo síntoma las comparecencias casi simultáneas de los tres vicepresidentes y del ministro de Fomento en las más seguidas emisoras de radio y televisión a primera hora de la mañana de este martes para intentar convencernos de que el principio del fin de Zapatero es sólo un espejismo, de que aquí -en el PSOE- no ha pasado nada y de que el liderazgo del presidente permanece intacto.
Los socialistas están de los nervios, y estando de los nervios se cometen torpezas y excesos como los descritos. Mejor será que no tomen decisiones en los próximas días en materia económica y que lo suyo, lo del aparato del partido, lo arreglen con sosiego no vaya a ser que salpique más al Ejecutivo, hagan crisis también de Gobierno y, para salvar la cara del presidente, se carguen a Trinidad Jiménez y le ofrezcan un ministerio a Tomás Gómez Franco, ese osado nacido en Holanda hace sólo 42 años, que tanto se parece al Zapatero de hace 10 años y que tanta ambición política indisimulada atesora.
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