Enrique Arnaldo | Jueves 07 de octubre de 2010
El primer impacto lo produjo Cicciolina y su partido del amor en la decrépita partitocracia italiana. Entre nosotros quizás haya sido el Dioni, el hombre del furgón y de la mirada difusa, el más atrabiliario de los candidatos, sin desmerecer al gilismo y sus derivados. La corte de los singulares se ha enriquecido con ex-misses recauchutadas, ex-famosos de más o menos élite buscadores de cómodos sillones, representantes de sectas extremistas, pastores sin feligreses, futurólogos en paro y algunos buscavidas. El último en incorporarse al tren ha sido el profesional del circo brasileño Tiririca, ejerciente como payaso, como nuestros Fofó y familia, quien pretende sentar sus reales como diputado federal a partir del próximo 3 de octubre. Aparece muy sonriente en su cartel promocional vestido con su traje profesional multicolor y arlequinado con los dos pulgares hacia arriba y reclama el apoyo de los conciudadanos con este lema inolvidable: “Vote por Tiririca, peor de lo que está no va a quedarse”.
Qué mas le da, señor votante; total es solamente un voto; yo lo voy a hacer igual que los que se dedican a esto desde siempre; ¿es que aún se fía, después de tantas elecciones, de los de toda la vida?; usted, señor votante, está cansado de tanta promesa; vóteme a mí que no va a empeorar; usted no gana nada y, en cambio, a mí me hace un hombre feliz.
Tiririca, parece ser, no se compromete a nada, salvo a “ayudar a los más necesitados... incluida su familia”. Lo dice probablemente en broma, pero nunca se sabe. En cualquier caso lo mismo da que da lo mismo. La política aparece bajo mínimos, encerrada en un galopante descrédito y con las puertas cerradas. Algunos como Tiririca parecen represenan el summum del desprecio pues la conciben únicamente como trampolín publicitario y promocional. Pero al tiempo sacan todos los colores a los partidos políticos instalados en el llamado “establishment” al situarse al mismo nivel que aquellos, ofreciendo su palabra de payaso de que la vida de la gente no va a cambiar.
A los españoles nos gusta también jugar con los “outsider” y en plena crisis algunos provocadores sacan a colación el nombre de Belén Esteban, la princesa del pueblo, quien, sin asesor de imagen ni campaña, tiene ya garantizado grupo parlamentario y adelanta en número de votos a Izquierda Unida. No seré yo quien la critique pues es, sin duda, un fenómeno de masas, pero no me digan que los políticos de siempre no quedan por los suelos. Y se preguntarán compungidos ¿qué he hecho yo para merecer esto?.
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