Opinión

Nobel de la Paz, casus belli en China

Sábado 09 de octubre de 2010
Liu Xiaobo no ha podido celebrar su flamante Premio Nobel de la Paz. Lleva dos años en prisión -incomunicada, dicho sea de paso- cumpliendo una pena total de once. Su delito, haberse atrevido a reclamar por escrito reformas democráticas en China. Su caso cobra ahora mayor notoriedad gracias al galardón recientemente otorgado, aunque hay que decir que no es el único. Se desconoce el número exacto de personas encarceladas en China por disentir con la línea oficial, aunque debe de ser bastante elevado.

La actitud de China es inaceptable en todos los sentidos. En primer lugar -y más importante-, por cercenar sistemáticamente los derechos humanos de 1.300 millones de personas desde hace más de medio siglo. Y además, por amenazar a Noruega, país donde se falla el Nobel de la Paz, con un chantaje petrolífero de no reconsiderar su posición. Posición que, obviamente, no se va a mover un ápice. Es verdad que galardonando a alguien como Lui Xiaobo se corría el peligro de incomodar a un gigante como China, que tiene la llave de la economía occidental. Es precisamente su poderío el que hace que el mundo mire muchas veces hacia otro lado ante las tropelías llevadas a cabo por Pekín, en lo que es un auténtico ejercicio de cinismo. China es una dictadura totalitaria, donde no hay apenas libertades. Su actual pujanza económica no puede esconder esta evidencia. Por eso, la concesión de este premio no es sólo -que también- el reconocimiento de la trayectoria de Lui XIaobo, sino la de tantos otros en su misma situación en cualquier parte del mundo. Un premio muy justo. Y necesario.

TEMAS RELACIONADOS: