Opinión

Mingote, el gran Mingote

Juan José Alonso Millán | Lunes 11 de octubre de 2010
Si de algo estoy contento es de que , gracias al Imparcial, pueda sacar a la luz pasajes de mi vida en la que tuve ocasión de tratar a genios como Mingote, a quien conocí, allá por años setenta, vagando por el café Gijón acompañado de una señora que le daba mucho la lata. ¡Qué buenísimos humoristas gráficos había en aquella época! Chumi Chumez, Summers, Forges, Cebrián, Pablos, Serafín. Máximo, Carandel, que no dibujaba, pero casi y todos los de La Codorniz. Ahora también los hay, buenísimos pero políticos y eso me hace menos gracia. Y por encima de todos, el santo patrón era Mingote.

Angel Antonio Mingore Barrachina llegó a Sitges, para nuestra suerte, en 1919 y algo más tarde coincido con él en La Codorniz donde pintaba personajes siniestros. Amable, educado, cándido, sencillo y además amante del teatro. Un día, con Tono, funda la revista Don José y allí colaboré cuando me dejaban, yo era un pobre seminarista al lado de los papas del humor. A medida que me abría camino en el teatro, mi amistad con Mingote iba creciendo; teníamos amigos comunes: Conchita Montes, Neville, Marquerie, Älvaro de la Iglesia, etc. En 1963, Antonio Guirau estrenó una comedia mía EL EXPRESIDENTE, con Mercedes Alonso, Lina Canalejas y Pastor Serrador y Mingote se encargó del decorado, los muebles, y todos los detalles; su toque fue decisivo para acentuar la farsa. Por entonces ya era conocido y admirado por sus colaboraciones en ABC, Blanco y Negro y un delicioso libro recientemente publicado: HISTORIAS DE LA GENTE. Mingote hacia honor a su nombre era un ser angelical, con la modestia propia de los genios que no debe importancia a las maravillosas viñetas que ideaba día a día con perseverante esfuerzo obligando a la inspiración a sentarse con él en la mesa de trabajo a todas horas. Le daba café y desayunaban juntos. En uno de los miles de despachos que ha tenido Ansón hay colgado u dibujo de Mingote de cuando la inundación de Bilbao. Sin palabras: un modesto guardia civil salva a hombres de las aguas a un mocetón vasco con boina y todo. La fuerza de la imagen sin necesidad de texto. A lo largo de mi vida profesional he hecho todo lo posible por mantener mi relación con Mingote y su mujer, Isabel, ha sido, una gran ayuda.

Un día de 1967, Conchita Montes, con Marsillach y Arturo Fernández interpretaban una función mía, MARBELLA MON AMOUR, en el desaparecido teatro Goya de Madrid. Al acabar la sesión, Conchita me pidió que la acompañara al sanatorio donde se encontraba Edgar Neville muy mal. Un suicidio anunciado. Edgar había sido víctima de una fabada con nocturnidad y alevosía. Junto a Edgar estaban Mingote, Isabel y Alberto Closas. A los pocos minutos Edgar se marchaba de este mundo tan contento. No recuerdo porque razón Edgar no se podía quedar en el sanatorio y hubo que llevarlo a su domicilio. Como en un obra de humor negro, entre los allí presentes trasladamos al muerto sentado en un silla y con un puro en la boca. Lo trágico fue subirle en el ascensor por el sobrepeso de Edgar y acompañante.

Un chiste diario durante cincuenta años no es ninguna tontería por mucho oficio y talento del que se disponga. Más libros, carteles, publicidad, títulos credíticos, de películas y un largo etcétera son méritos más que suficientes para levantar una estatua a este genio español del siglo veinte. En el actual siglo veintiuno Mingote se encuentra en plena forma y guapísimo. Su longevidad le viene de no parar de trabajar. Sigue fiel a su periódico del alma, ABC, quizás de los últimos supervivientes que quedan de la época de Anson. Que Dios te dé mucho más trabajo y no pares nunca.

Los hermanos Joserman, me llamaron para una serie de Telecinco, yo solicité que los dibujos fueran de Mingote y fue lo mejor de la serie. Su trabajo en funciones mías han sido muchos. No puedo olvidar el cartel de EL CIANUTO SOLO O CON LECHE en un momento en que se solicitaba a pintores hacer los carteles de las obras. El sello de Mingote, su impronta acerca al público y le aclara lo que va a ver. En mi última dirección escénica de la obra de Jardiel USTED TIENE OJOS DE MUJER FATAL, el cartel, los decorados y el vestuario fueron de Mingote. El día de la reposición, hace un par de años en el Muñoz Seca, Enrique Cornejo le tributó un cariñoso y merecido homenaje, cosa que difícilmente soporta nuestro genio nacional.

Y así, en plena juventud se sigue inventando un bálsamo que nos acompaña en el desayuno y nos ayuda a afrontar, con una sonrisa, las atrocidades del día.

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