Norberto Alcover | Miércoles 13 de octubre de 2010
Este pasado verano, volví releer Gog, de Giovanni Papini. Y de nuevo sentí porque se trata de sentir más que del pensar estricto y lógico) el estremecimiento de mis propias entrañas ante este arranque de absoluta rabia con que el gran polemista italiano arremete contra la mentira de unos años contaminados por falsas esperanzas en todos los órdenes de la vida. Y es que Gog en su demonio particular, además de remitirnos a un texto del Apocalipsis ya seguramente olvidado y despreciado: “Satán será liberado de la cárcel y saldrá para seducir a las naciones, Gog, Magog…” (Apocalipsis XX, 7).
Pues bien, Papini, siguiendo el trazo divino, liberta a su Gog particular y lo lanza sobre la tierra y sus fastos y sus prepotencias. Estamos en 1931. Entreguerras, ese instante en que nuestros antepasados se carcajearon de una y se sumergieron en la segunda. Como adolescentes. Pero adolescentes peligrosos y un tanto salvajes, toda vez que se habían quitado de encima el origen y el desino de los valores en cuanto tales. Solos y solitarios, se encontrarán con el Gog de Papini, tras haber escrito años antes su Historia de Cristo (1921), donde abandona su ateísmo y proclama su tremenda fe en Jesucristo Salvador, Tras la opción por la fe, la parábola del Maligno contra-fe.
La edición es de 1934, de la editorial Apolo de Barcelona, en un papel crudo y basto de los que ya no existen, pero que te transmiten la deliciosa sensación de estar leyendo. Recomiendo el libro con vehemencia, porque vuelve a estar de absoluta actualidad. De nuevo Gog anda suelto y causa estragos. Y su última vitoria se llama crisis, cuando todos nosotros, para consolarnos de los males sobrevenidos, nos entregamos a brujas, adivinos y gurúes orientales como s fuéramos idiotas. Hay que ver lo que puede Satán. Bernanos todavía no lo sabía.
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