Jueves 14 de octubre de 2010
La resaca de los abucheos al Presidente José Luis Rodríguez Zapatero durante los desfiles del día de la Hispanidad sigue dando que hablar, hasta el punto de que el Gobierno propuso ayer a todos los grupos parlamentarios consensuar un protocolo de celebración de la Fiesta Nacional para evitar situaciones bochornosas como la del domingo pasado.
Se trata de un paso en la buena dirección, muy distinto a la descalificación política de que hicieron gala los socialistas. Es obvio que existe en una parte quizá mayoritaria de la sociedad española un profundo descontento respecto al Presidente del Gobierno. Por ello, resulta absurdo culpar de los hechos del domingo a los grupos de extrema derecha, como apuntaba la ministra de Defensa, Carme Chacón. No son ni de derechas ni de izquierdas. Son gente mal educada e incívica, que es otra cosa. El repudio a Zapatero no puede tacharse, por sistema, de una cosa de “fachas”. Probablemente, habría individuos antisistema y radicales entre la multitud que se dedicó a insultar a Zapatero, pero la mayor parte de la misma eran ciudadanos corrientes que mostraron su descontento de la peor forma posible. Y es que los silbidos y los abucheos, aunque comprensibles, no pueden nunca tomarse como formas de expresión política. Una auténtica oposición a la labor de un Gobierno debe canalizarse a través de medios que permitan la articulación de argumentos racionales, alejados del mero insulto o el exabrupto que complica en lugar de ayudar a solucionar los problemas.
A todo esto, además, hay que sumar lo inconveniente del día y momento elegidos para llevar a cabo los abucheos. El día de la Fiesta Nacional, en presencia de los Reyes, es el lugar menos adecuado para mostrar unos comportamientos ineducados de baja condición. En países en los que la sociedad civil se moviliza activamente –bastante más que en España- y con una larga tradición democrática, sería impensable que en los días más señalados de sus celebraciones nacionales las multitudes se dedicaran a abuchear al presidente. El respeto a las tradiciones e instituciones de países como Estados Unidos, Reino Unido o la misma Francia, no significa un menoscabo a su libertad de expresión o actividad civil. Cada cosa tiene su lugar y, si no, que se lo digan a los millones de franceses que llevan tres días protestando a través de una legítima huelga.
Quienes más duramente y sin equívocos deben condenar esta clase de hechos vergonzosos, que muy poco dicen de la capacidad de movilización de una sociedad, son, precisamente, los partidos de la oposición, en este caso, el PP –lo mismo que debió hacer el PSOE en parecidas ocasiones cuando gobernaba el Presidente Aznar- ya que es a ellos a quienes corresponde la labor de canalizar de forma efectiva, que no zafia, el descontento a las políticas de un Gobierno. Esa y no otra es la oposición real y efectiva que necesitamos.
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