Cultura

Recital barroco de Cecilia Bartoli en el Real: el público, rendido a sus pies

Majestuosa Bartoli

Jueves 14 de octubre de 2010
Anoche, Cecilia Bartoli, sin duda una de las voces con más carisma de la escena lírica mundial, volvió a impresionar con su espeluznante torrente de voz, especialmente dotado para el canto florido, ofreciendo al respetable toda una demostración de su dominio del canto de agilidad, con trinos, agudos y sobreagudos que brotaban sin descanso de su magnífico instrumento vocal para llegar a todos los rincones del repleto teatro. Y en esta ocasión, la genial artista también ha llegado a España, donde ofrecerá recitales, además de en la capital, en Barcelona y Santander, tras la aparición de su nuevo disco el pasado día 5 de octubre, una antología de arias que la cantante, que en 2012 se convertirá en la nueva directora artística del Festival de Pentecostés de Salzburgo, ha ido grabando en distintos momentos de su carrera, titulado Sospiri, y que seguro que, como viene siendo habitual en todos los trabajos que edita, pronto se convertirá en uno de los más vendidos.

Cecilia Bartoli
Acompañada de la formación italiana Il Giardino Armonico, una de las instituciones musicales europeas de más prestigio en el ámbito de la interpretación con instrumentos de época, dirigida por Giovanni Antonioni, el concierto de ayer estaba dedicado a obras de Händel. Un cuidado repertorio que combinaba títulos bien conocidos como Giulio Cesare in Egitto, Ariodante o Rinaldo, y otros que lo son bastante menos, como Lotario, Rodelinda, Rodrigo y Teseo, cuyo aria “Ah che sol per Teseo… M’adora l’idol mio” fue la encargada oficial, a falta de los esperados e imprescindibles bises, de finalizar el intenso recital que había comenzado dos horas y media antes, con el viento y los truenos desatados por las “Furias terribles” de Rinaldo.

Durante la primera parte, la dramática aria interpretada por Bartoli en la voz y la piel de Rinalda, ya presagiaba que las exclamaciones de “brava” iban a repetirse mucho y muy alto durante toda la velada. Y cuando, antes del descanso, su interpretación del aria “Scherza infida” de Ariodante, que ponía las lágrimas en el corazón y en los ojos, el público estalló en una inmensa ovación que acallaba hasta los aplausos, no cabía más remedio que preguntarse qué sería lo que el público reservaría a la artista para el final de la noche.

Y su impresionante interpretación del aria de Alcina “Ah! mio cor!” durante la segunda parte, en la que su perfecto control de la emisión de la voz le permite expresar una sensibilidad sin límite a la hora de “llorar” por haber sido abandonada “sola in pianto”, únicamente podía ir a más con las dos piezas que ofreció como bises, un aria de Giulio Cesare y otra de su anterior trabajo dedicado a los castrati, en las que pareció abrir todas las compuertas para que su virtuosismo, rayando en lo increíble, pusiera en pie al público, con una unánime ovación que parecía salir de una única garganta, y volviera a ponerse a los pies de la mezzo romana, quien seguro que volverá a sorprendernos con nuevos repertorios, incansable exploradora de toda la música que, asegura, aún le queda por descubrir.

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