Sábado 16 de octubre de 2010
Ahora al Gobierno Cristina Fernández de Kirchner le “preocupa” que Argentina esté al borde de la bancarrota. Tras la aprobación del Senado de un proyecto ley de pensiones que beneficiaría a cinco millones de jubilados, porque supondría un aumento del 82% del salario mínimo en las pensiones, la mandataria pegó el grito en el cielo y vetó la medida por considerarla que la misma significa “la quiebra del Estado”.
Eso debió pensarlo antes cuando heredó el poder de su esposo, Néstor Kirchner, y con éste una gestión que hasta el día de hoy ha sido calamitosa y salpicada por los escándalos de corrupción. La ausencia de liquidez en las arcas de la nación son consecuencia de una mala gerencia y nefasta administración de los recursos estatales, y no precisamente por una medida social como la ley impulsada por el presidente de la Cámara y vicepresidente del país, Julio Cobos. Una vez más el Ejecutivo argentino choca con el resto de los poderes del Estado, por no mencionar que la mandataria se ha peleado con medio país: los medios de comunicación, el Banco Central, el alcalde de Buenos Aires y ahora con el Senado.
Es cierto que la economía a escala mundial no está atravesando su mejor momento, lo que afecta el resto de los países, incluyendo a una Latinoamérica que ha salido bien parada del bache financiero; pero de allí atribuirle la bancarrota a unas pensiones suena exagerado, por no decir que parece más el argumento de una mártir sacada de un teleculebrón; no es la actitud propia de una persona que ostenta el máximo cargo público de un país. Ha llegado la hora presidenta Fernández de poner los pies sobre la tierra y revisar concienzudamente qué se ha hecho mal, para frenar a tiempo una quiebra gubernamental que desde hace meses se viene vaticinando.
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