Los Lunes de El Imparcial

Arthur Nersesian: Staten Island

reseña

Sábado 16 de octubre de 2010
Arthur Nersesian: Staten Island. Traducción de Pablo Cañamares. Alpha Decay. Barcelona, 2010. 340 páginas. 26 €


Una mañana cualquiera de 1981, Uli se encuentra caminando cual zombi por las peligrosas y hostiles calles de una apocalíptica ciudad de Nueva York. Víctima de una amnesia inducida y con un extraña misión grabada en el cerebro, el antihéroe de esta historia agobiante y de tinte futurístico debe tratar de sobrevivir y, sobre todo escapar, del infierno absurdo en el que se haya envuelto. Poco a poco irá descubriendo que la supuesta Nueva York por la que camina no es más que un simulacro de la original, construido en mitad del árido desierto de Nevada.

Al mismo tiempo que trata de averiguar quién es, Uli irá reconstruyendo la realidad del infierno en el que se encuentra, infierno que la oficialidad estadounidense llama, cínicamente, ciudad refugio. Gracias a los extraños personajes con los que se va encontrando, irá intuyendo su responsabilidad en la constitución y mantenimiento del lugar en el que languidecen los parias de la orgullosa sociedad americana.

Con estos parámetros, Arthur Nersesian (Nueva York, 1958) presenta en su última novela una pesadilla propia de la ciencia ficción más oscura y desesperanzada. Con Staten Island desarrolla una inquietante realidad paralela, poniendo sobre el tapete las consecuencias de las soluciones radicales de las que a veces son tan amigos los políticos, y plantea incómodas preguntas que nos enfrentan a los puntos más negros de nuestro sistema.

¿Qué pasaría si se decidiera trasladar a todos los desechos sociales, a todos aquellos que no se integran en el sistema, a un simulacro de ciudad, sin darles la posibilidad de salir del mismo? ¿Qué si se permitiera que en esta especie de campo de refugiados se impusiera la ley del más fuerte y se abandonara a su suerte a todos los habitantes del mismo? ¿A alguno de los miembros más afortunados de nuestra sociedad le importaría el futuro incierto de los refugiados, más allá de un tema de conversación de sobremesa? ¿De verdad estamos hablando de ciencia ficción?

Por Regina Martínez Idarreta

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