Cultura

El espíritu de Marlene Dietrich se reencarna en Angela Denoke durante su concierto en el Real

recupera la memoria de los artistas alemanes

Sábado 16 de octubre de 2010
El Real Teatro abrió sus puertas para presenciar la actuación magistral de la soprano alemana Angela Denoke en “De Babelsberg a Hollywood”, en el que se reencarnó el espíritu de Marlene Dietrich con canciones más representativas del Berlín de los años 20 y 30.

La soprano alemana Angela Denoke fue la protagonista anoche de un magnífico recital, “De Babelsberg a Hollywood”, en el que, acompañada por Tal Balshai al piano, Jan Roder en el contrabajo, Michael Griener en la percusión y por el saxofonista Norbert Nagel, interpretó con elegancia algunas de las canciones más representativas del Berlín de los años 20 y 30, escritas por famosos compositores de la época como Kurt Weill o Friedrich Hollaender.

En un escenario de cálido fondo azul, que durante el transcurso de la velada iría cambiando de color gracias a una exquisita iluminación que parecía acompañar los estados de ánimo que reflejaban las canciones, los instrumentos aparecieron acompañados de dos coquetos sillones tapizados de rojo y de una mesita con una plateada cubitera que enfriaba la correspondiente botella de champán, en una discreta recreación de aquellos cabarets de Berlín en los mágicos años 20, antes de que la gran crisis que golpeó a Alemania empezará a crear el caldo de cultivo ideal para el nacimiento y posterior auge del nacionalsocialismo. Se trataba, sin duda, de un escenario muy distinto al que suele estar acostumbrado el teatro de la Plaza de Oriente y, como dijo Gerard Mortier durante una de sus dos intervenciones desde el escenario, la magia consistía precisamente en haber pasado, en tan sólo dos noches, del barroco del concierto de Cecilia Bartoli dedicado a Händel el pasado miércoles, al Berlín de los años 20.

El intendente del teatro madrileño acompañó a Angela Denoke cuando la soprano apareció en escena para dar comienzo al recital. Sentado en uno de los sillones escarlatas, asistió a sus interpretaciones y compartió con ella los momentos en los que la cantante dejaba el protagonismo a los solos instrumentales. Después, explicó a modo de introducción, cómo era la gran ciudad de Berlín durante aquellos años, retratada a la perfección en la película de Frizt Lang, Metrópolis, a pesar de que durante algunos momentos Mortier tuviera que interrumpirse, porque una parte del público se quejaba de que no se escuchaba bien.

El Berlín recuperado anoche era, sin duda, el de la mítica Marlene Dietrich, la ciudad en la que había nacido, donde empezó a cantar en un pequeño teatro hasta que fue descubierta por el director que la convirtió en actriz con “El Ángel Azul”. También la ciudad de la se marcharía rumbo a América y a la que no volvería salvo para acudir al entierro de su madre. Las canciones que Dietrich o la también famosa Zarah Leander interpretaban eran asímismo fruto de la relación cultural que la república de Weimar y Estados Unidos habían iniciado, y cuyo impacto más decisivo se vería reflejado en el mundo del cine. Y muchas de esas canciones, compuestas por alemanes y entonadas por cantantes de la misma nacionalidad, saltarían así a Broadway y, por supuesto, a Hollywood. El recital de Denoke incluía algunas de estas piezas, junto con aquellas otras tan típicas de los cabarets, en las que se proclamaba con la ligereza que caracterizó a los locos años 20 que la felicidad es siempre relativa.

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