Entrevista
Lunes 17 de marzo de 2008
-Su personaje principal, abuela, ¿está inspirado en alguien o es una mezcla de diferentes personas que haya conocido?
-No, la abuela no es nadie conocido ni tampoco es el resultado de un conjunto de personas con las que yo me haya encontrado, aunque si es alguien que conozco muy bien porque la abuela soy yo, se me parece muchísimo. Y dado que yo escribo porque siento la necesidad de escribir por eso puse una gran parte de mi personalidad en esta abuela, lo que ocurre es que lo hice colocando al personaje en otros tiempos y quería entender cómo habría sido en el pasado y la llevé a un tiempo que me gustaba.
-¿Por eso la lleva hasta la Segunda Guerra Mundial?
-Durante la novela hay una serie de acontecimientos históricos muy importantes, impactantes, como la Segunda Guerra Mundial, el bombardeo de Cagliari, los avances de los aliados... pero todo esto a la abuela no le importa nada y lo único que le preocupa es el amor. Es su única obsesión, su único interés, en lo que se refugia. Con esto quería demostrar que no es posible rechazar la historia. Queramos o no queramos, somos protagonistas nosotros también. Es verdad que el personaje se refugia en sí mismo y prefiere no ver lo que ocurre a su alrededor pero, es la Historia, con "H" mayúscula, la que lleva, hasta su misma casa, un prófugo, el abuelo, el hombre con el que se casará. Pero ha sido la Historia, la que ella no quería ver y rechazaba la que le ha llevado el amor, la que le hace conocer al veterano mutilado de guerra. Con esto lo quería destacar es que tanto los personajes como nosotros somos criaturas de nuestro tiempo y nuestro espacio. No podemos ni rechazar ni escapar del que nos ha tocado vivir.
- ¿Una historia de amor en tiempos de guerra es lo único que salva al ser humano cuando
todo parece ir a la deriva?
-Sí. Seguramente el amor es algo fundamental en tiempos como esos, en los que se vive una guerra. Naturalmente es difícil encontrar el verdadero porque, o lo tenemos y no lo vemos o seguimos buscando más allá. Desde luego, los tiempos de guerra potencian los sentimientos amorosos. He visto muchas películas, como todos, en las que los personajes han logrado sobrevivir gracias a que llevaban consigo la foto de la amada. Porque el amor es la vida y es lo que más fuertemente se contrapone a la muerte que impera durante situaciones de guerra. Es la fuerza. Recuerdo también, y es una frase con la que abro el libro de la película "La delgada línea roja", cuando el soldado recibe una carta de su mujer en la que le cuenta que se ha enamorado de otro y su reacción es la de perder el deseo de salvarse, deja de luchar, ya no tiene una motivación para volver.
-Es una novela de amor, pero también de desamor...
-El amor podría ser el antídoto para la infelicidad. Lo que ocurre es que es muy difícil de alcanzar porque hay una diferencia entre lo que consideramos el amor ideal y el encontramos por el camino. El hilo conductor de la novela en el fondo trata de esto, hay un amor entre los dos abuelos y después el del adulto, el soñado. Se siente reconocida en el amor, apreciada. Este es el drama de todos los seres humanos: tener la capacidad de reconocer el amor que se nos pone en el camino y tratar de disfrutar del amor ideal y del que nos encontramos.
-¿Y por qué recurre a la voz de la nieta para contar la historia?
-El motivo de fondo es que yo no logro escribir desde un punto de vista adulto. Por eso, sobre todo, utilizo para la voz de la narradora, la de chicas jóvenes, porque, además, es lo que coincide más con mi punto de vista. Veo la vida más a través de los ojos de un joven que además se siente libre para pensar y opinar. Un joven que describe las cosas tal cual, como las ve y esto me otorga una libertad infinita a la hora de escribir.
-Por eso la abuela es tan atrevida, porque hay escenas un poco atrevidas...
-Sí. Por ejemplo, en la novela hay escenas eróticas de la abuela con el abuelo que le contaba a la nieta. Me di cuenta después de que tampoco es tan normal que una abuela le cuente a su nieta ciertas situaciones tal y como aparecen y como las recibe el lector. La abuela no está loca, en sentido estricto, pero sí es un personaje muy original. Como se dice en Italia, para definir a un personaje "no tiene todas la ruedecitas del cerebro en su sitio", lo que en España sería "le falta algún tornillo". La abuela está poseída por algún punto de locura, pero más que de locura es de originalidad.
-El título del libro, Mal de piedras, habla también, metafóricamente, del peso que nos lastra.
-Las piedras son un símbolo. A cada uno de nosotros, la vida, al pasar, nos va dejando situaciones, heridas, nudos... que se acumulan dentro de nosotros. Situaciones negativas y para liberarnos de ellas tenemos que sufrir un proceso doloroso, atroz. De hecho, aquellos que hayan sufrido de cálculos renales saben perfectamente el dolor que se siente al expulsarlos. Esas piedras metafóricas son las que llevamos dentro y tenemos que echarlas porque, en caso contrario, el dolor se quedaría ahí. Hay que liberarlo.
-¿Hay alguna influencia de los personajes de García Márquez en su novela, porque recuerdan a alguno de los suyos?
-¿Quién no ama a Gabo? Es imposible no amar su obra pero rechazo la idea de tener una lejana similitud con grandes genios de la Literatura mundial. Me da mucho miedo cuando me dicen que en mi novela han visto a tal o a cual. Me avergüenza mucho. Gabo todavía está vivo y sigue con nosotros pero yo no quiero que el fantasma de mañana se rebele contra todas estas comparaciones y que se diga que Milena Agus se parece a García Márquez. Pero sí, claro, me gusta su obra y siempre le he seguido.
-En Italia, el libro ha tenido una gran acogida y también en el resto de Europa, ¿qué le ha parecido?
-El éxito me ha sorprendido muchísimo pero lo vivo de una forma bastante disociada. Si es que puedo decirlo así, existen dos Milenas Agus: una que es la que va de gira por Europa, promocionando el libro y a la que los lectores y los editores le dicen que la novela ha tenido mucho éxito y que ha enganchado mucho y, una segunda, la verdadera, es decir, yo, que en el fondo se considera una perdedora según la norma de la vida establecida.
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