Rafael Ortega | Domingo 17 de octubre de 2010
Hace un mes escribí en EL IMPARCIAL un artículo en el que, bajo el título “UN VALLE DE LÁGRIMAS”, recogí aspectos de la situación actual del Valle de los Caídos, que ha vuelto a ser noticia en estos días con polémicas sobre enterramientos y otros asuntos inducidos por medios afines a la Moncloa.
Hoy queremos volver al tema, porque hemos visitado de nuevo el Valle y hemos conversado largo y tendido con su Abad Mitrado, el Padre Anselmo, quien nos ha contado sus inquietudes y sus temores, todos alrededor del posible cierre definitivo del Valle por parte gubernamental, escudándose en peligros de derrumbe que “pondrían en peligro incluso la vida de los monjes benedictinos”. Esto apuntan los responsables de Presidencia del Gobierno, que insisten día tras día en el cierre, sin tener en cuenta, por ejemplo, que en pleno Año Santo la Catedral de Santiago está en obras y no se ha cerrado. Lo mismo sucede con la Catedral de Barcelona, por lo que mantener cerrado el Valle no tiene sentido. La comunidad benedictina ha vuelto a reclamar que se abran las puertas del Valle, porque, y esto hay que recordarlo, se trata de una Basílica Pontificia, por lo que desde un punto de vista jurídico, su constitución depende de la Santa Sede y además la propia Ley de la Memoria Histórica especifica que todo el recinto del Valle de los Caídos, y no solo la Basílica, es lugar de culto. Por lo tanto, según la legislación, la autoridad en toda la zona corresponde solo al Abad Mitrado.
Así que no nos confundan, como tratan de hacerlo con la estupidez de haber colocado un tabique de madera, en una zona de la cúpula de la Basílica, para tapar unos pocos metros de los mil quinientos metros cuadrados totales que tiene el mosaico que la cubre y en los que se representan a unos soldados que portan tres banderas: la española sin escudo, la de falange y la tradicionalista. Una estupidez porque todos los visitantes lo primero que hacen es preguntar, cuando miran a la cúpula, es el porqué de ese espacio tapado, con lo cual el remedio pretendido por los “listos” es peor que la enfermedad.
Estas banderas tapadas son solo el ejemplo más pequeño de lo que se trata hacer con el Valle, que no es otra cosa que su cierre definitivo. Las banderas están ahí como la gran Cruz o la Piedad de la entrada, que ahora también quieren desmontar y llevarla a otro lugar para su “reparación”.
Como decía, he estado en días pasados en el Valle conversado con su Abad Mitrado, el Padre Anselmo, quien respondió abiertamente a todas nuestras preguntas y las de un compañero de “Hazte Oír”, Miguel Vidal. El Abad fue muy claro y no debe tener temor a que sus respuestas escuezan en Presidencia. Allí que se apliquen bálsamo.
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